Cuando Alicia Alonso murió en octubre de 2019, el Ballet Nacional de Cuba, que Alicia Alonso fundó en 1948 y dirigió durante siete décadas, quedó huérfano. Sólo quedó una persona al mando: Viengsay Valdés. Ahora, con 49 años, dirige una de las compañías de ballet más respetadas del mundo. Lo hace desde La Habana, una ciudad en crisis, con unos recursos que ninguna institución comparable de Europa o Estados Unidos aceptaría. El reto es de otra época. Pero Viengsay Valdés se mantiene firme.
Exigir formación cubana
Nacida en La Habana en 1976, comenzó a bailar a los 9 años en la escuela elemental de ballet Alejo Carpentier, antes de continuar su formación en la Escuela Nacional de Ballet de Cuba, una de las más prestigiosas del mundo, gratuita y abierta a todos los niños cubanos mediante audición. Allí entró en contacto con el mundo de Alicia Alonso, la directora de la época. Fue un encuentro que marcaría toda su carrera. Ingresó en el Ballet Nacional de Cuba en 1994, a la edad de 18 años. Se convirtió en bailarina principal en 1996 y en primera bailarina en 2001. Fue una carrera rápida, incluso para los estándares cubanos.
Una firma técnica reconocida
Sus fouettés se han convertido en su firma. Las ejecuta con una particular lentitud, casi suspendida, que obliga a jurados y espectadores a contener la respiración. Esta técnica, que ha perfeccionado a lo largo de los años, le ha valido invitaciones para trabajar con importantes compañías internacionales, como el Washington Ballet, el Ballet Concierto de Puerto Rico, el Joburg Ballet, el Bolshoi y el Mariinsky. Durante todo este tiempo, siguió siendo bailarina principal del Ballet Nacional de Cuba. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, nunca abandonó la isla.
La lealtad tiene un precio
Esta lealtad tiene un precio. Entre 2000 y 2010, varios destacados bailarines cubanos abandonaron la isla rumbo a Miami y Europa. El Ballet Nacional de Cuba estaba sufriendo una hemorragia de talento. Viengsay Valdés se quedó. A menudo ha explicado esta elección como una forma de deuda con el sistema que la formó gratuitamente, y como su apego a la escuela de ballet cubana.
Tras Alicia Alonso, una responsabilidad histórica
En 2019, Alicia Alonso falleció a la edad de 98 años. La sucesión es una de las más delicadas en el mundo de la danza. Alicia Alonso no era sólo una directora: era un icono político, cultural y feminista. Dirigir el Ballet Nacional de Cuba después de Alicia Alonso es cargar con un enorme peso simbólico. Viengsay Valdés fue nombrada subdirectora artística en enero de 2019, antes de ser nombrada directora general del Ballet Nacional de Cuba en enero de 2020. Asume su cargo en un contexto de grave crisis económica en Cuba, agravada por la pandemia y los cortes de electricidad que afectan a la capital varias veces por semana.
Mantener la escuela cubana abriendo el repertorio
¿Su estrategia? Mantener la excelencia técnica cubana -la famosa “escuela cubana de ballet”-, abriéndose al mismo tiempo a nuevos repertorios. Encarga coreografías a jóvenes autores latinoamericanos. Invita a bailarines extranjeros a realizar residencias. Restablece progresivamente las colaboraciones internacionales. El Festival Internacional de Ballet de La Habana Alicia Alonso, evento emblemático fundado en 1960, debería celebrar su 29ª edición en otoño de 2026 bajo su dirección, si se mantiene el calendario anunciado. Será su gran prueba de público.
Dirección artística bajo presión
Dirigir una compañía de ballet de talla mundial con el presupuesto de un país en crisis es tanto una proeza administrativa como artística. Hay que remendar los trajes, los estudios a veces carecen de electricidad o equipos, y hay que negociar uno a uno los viajes al extranjero. Sin embargo, el Ballet Nacional de Cuba sigue produciendo temporadas completas, formando bailarines que pasan a trabajar con las principales compañías del mundo y manteniendo una calidad técnica que muchos en el mundo del ballet consideran intacta.
Una mujer cubana al frente de una institución mundial
Un aspecto particular de este retrato merece ser mencionado. Viengsay Valdés es una mujer cubana al frente de una institución de ballet de categoría mundial. En un mundo de ballet clásico internacional dominado durante mucho tiempo por las grandes instituciones europeas y norteamericanas, esto es algo poco frecuente. Cuba, desde Alicia Alonso, es una excepción. Esta singularidad, en el panorama mundial, es uno de los legados que Viengsay Valdés lleva consigo.
La cita de 2026
Así pues, en otoño de 2026 se celebrará en La Habana el 29º Festival Internacional de Ballet de La Habana Alicia Alonso, bajo su dirección, si se confirma el programa anunciado. Se espera que asistan compañías invitadas, antiguas estrellas, jóvenes estrenos: todos los que importan en el ballet internacional. Para Viengsay Valdés, será una demostración. Para Cuba, una afirmación. Y para el Caribe, quizás un recordatorio de que la excelencia no depende de las divisas. Si Viengsay Valdés resiste, entonces cierta idea de la cultura caribeña resistirá con ella.
📸 Crédito de la foto: Cuenta de Instagram de Viengsay Valdés – @Viengsay_v
Viengsay Valdés es una bailarina cubana nacida en La Habana en 1976. Formada en la Escuela Cubana de Ballet, ingresó en el Ballet Nacional de Cuba en 1994, se convirtió en bailarina principal en 2001 y asumió la dirección general de la compañía en 2020, tras ser nombrada subdirectora artística en 2019.
Viengsay Valdés forma parte del legado artístico de Alicia Alonso, fundadora del Ballet Nacional de Cuba en 1948. Tras la muerte de Alicia Alonso en 2019, Viengsay Valdés se convertirá en una de las figuras responsables de preservar la excelencia de la escuela de ballet cubana, al tiempo que abre la compañía a nuevos repertorios.
Viengsay Valdés encarna una forma de excelencia artística caribeña que suele ser menos visible que la música, los carnavales o el patrimonio popular de la región. Como directora del Ballet Nacional de Cuba, demuestra que el Caribe es también un lugar para la formación clásica, la disciplina coreográfica y la influencia cultural internacional.