En el extremo del Village de la Poterie, en Martinica, una fachada deslumbrante llama inmediatamente la atención. Flores artificiales, peces pintados, una profusión de colores llamativos: es imposible pasar de largo sin detenerse. Aquí es donde Maryl Musard, conocida como la artista Artimuseha creado su galería estudio: Happy Place By Artimuse. Un lugar concebido como un respiradero visual, donde el color es expresivo. Tras instalarse en Martinica hace unos años, ahora ha dejado los pinceles para anclar un universo donde el color se convierte en una energía viva.
Maryl Musard, conocida como Artimuse: pintar como algo natural
“Desde que era pequeña, he estado dibujando, pintando, escribiendo poemas e ilustrándolos. Para Maryl Musard, la creación es un proceso continuo. De niña, escribía poemas que ilustraba. El gesto ya estaba ahí: escribir, dibujar, asociar palabras con formas.
Sin embargo, su trayectoria profesional no es la de una artista formada desde el principio en una escuela de bellas artes. Trabajó en el aeropuerto de Niza. Allí observaba y captaba actitudes, siluetas y escenas cotidianas. Las convirtió en tiras cómicas inspiradas en los pasajeros y en situaciones de la vida real. El dibujo se convierte en una forma de interpretar la realidad.
Después se formó en diseño de interiores para aprender las técnicas del trampantojo, la imitación de madera y la imitación de estuco. Esto le proporcionó una comprensión técnica de los materiales y los efectos. Allí conoció a artistas -un especialista en trampantojos, un colorista- y confirmó una intuición: su trabajo no es hacer color, sino pintar.
Hoy en día , eTrabaja con acrílicos y utiliza tonos puros. No mezcla sus colores. Elige una marca lo suficientemente rica como para no tener que crear sus propios tonos. A veces hace superposiciones, pero adopta tonos planos directos. Esta decisión confiere a su obra una intensidad directa y sin concesiones.
Un Caribe reinterpretado a través del color
El mundo de Artimuse está profundamente arraigado en la estética caribeña. Evoca la intensidad del color en el Caribe, la luz que cambia de un momento a otro, los contrastes y las combinaciones atrevidas.
Pero no intenta representar fielmente lo que ve, sino que habla de “recolorear” la realidad. El lienzo no es un espejo, es una transformación: el monte Pelée puede volverse más llamativo de lo que realmente es, o el mar puede adquirir un tono inesperado. El objetivo no es documental, es emocional.
Un viaje a Panamá enriqueció su enfoque. Allí descubrió el arte arawak y el poder de la simplificación. Dos trazos pueden bastar para sugerir un insecto o un personaje. Esta economía de medios le causó una impresión duradera. Desde entonces, tiende hacia formas puras y legibles, sin sobrecargas innecesarias.
Algunas de sus obras incluyen referencias concretas. Cita un cuadro que para ella es un mapa de Martinica, que incluye Grand Rivière y la península de Caravelle. Otras composiciones, en cambio, no buscan necesariamente ser comprendidas de una manera precisa. Puedes simplemente dejarte llevar por la imagen: un corazón de sandía, una hoja delante de una cara. Como sugiere el artista, no siempre tienes que dar explicaciones. A veces sólo tienes que dejarte llevar… y sonreír.
La boca en forma de corazón: una firma identificable
Hay un detalle que casi siempre está presente en sus retratos: la boca en forma de corazón. Los labios se juntan para crear visualmente un corazoncito. No es sólo una sonrisa estilizada, sino una elección gráfica deliberada.
Esta boca en forma de corazón se ha convertido en la firma de Artimuse. Transmite inmediatamente suavidad y ternura, casi una dimensión emocional. El rostro parece benévolo y accesible. La forma transmite una intención clara: aquí, el color va acompañado de energía positiva.
Los ojos, en cambio, están tratados con moderación. No son ni excesivamente risueños, ni están marcados por la tristeza. Su expresión permanece abierta, casi neutra. Esta elección permite al espectador proyectar sus propias emociones. La boca afirma la alegría; los ojos dejan espacio a la interpretación. Esta combinación crea un equilibrio entre dirección artística y libertad de interpretación.
Pintar sobre cualquier superficie, incluida la cera
Artimuse pinta en acrílico sobre cualquier superficie. Lienzos, pequeños objetos, superficies diversas: “todo lo que pasa por mis dedos puede sufrir transformaciones coloristas y radicales”, afirma.
Le gusta especialmente la ceraEs un material con el que ha desarrollado un enfoque singular. Durante una estancia en Dominica, donde los soportes tradicionales eran más difíciles de encontrar, empezó a experimentar pintando directamente sobre tela. Esta limitación se convirtió rápidamente en una fuente de creatividad.
Ahora puede pintar directamente sobre la cera o integrar sus motivos en la obra. Los “pequeños zigouigouis”, como ella los llama, se convierten en elementos gráficos por derecho propio. Estructuran el espacio, crean ritmo e interactúan con las zonas planas de color puro.
Esta relación con los tejidos introduce una dimensión a la vez táctil y cultural. El motivo no es simplemente decorativo: está integrado en la composición, a veces absorbido, a veces contrastado.
Happy Place By Artimuse: un lugar para vivir
El traslado al Village de la Poterie surgió de encuentros y circunstancias. Maryl Musard lo describe como una alineación natural. Es un lugar que se adapta a su ritmo: artesanal, abierto, animado. El estudio y la galería coexisten. Pinta sobre el terreno, continuamente. Los visitantes pueden pillarla en plena creación, “bajo el océano” o “en el monte Pelée”, según la obra en curso. Les invita a interrumpirla. El encuentro forma parte de la experiencia.
Las reacciones del público son constantes: hablan de color, alegría y efecto calmante. Algunos entran por curiosidad y se van con una sonrisa. Otros vuelven, se sientan y toman un café. El espacio se convierte en un ancla. El nombre Lugar Feliz Por Artimuse no es un eslogan. Expresa una intención clara: crear un entorno en el que el color actúe como energía. Maryl Musard lo dice claramente: “Tengo que ser capaz de hacer feliz a la gente”.
Maryl Musard es una pintora afincada en el pueblo de la Poterie, en Martinica. Bajo el nombre de Artimuse, desarrolla un universo pictórico profundamente marcado por la intensidad de los colores caribeños. Pinta en acrílico sobre diversos soportes -lienzo, objetos y telas de cera- y tiene una firma gráfica reconocible, sobre todo la boca en forma de corazón de sus retratos. Su obra se basa en colores puros, sin mezclas, y en una simplificación deliberada de las formas, inspirada sobre todo en el arte arawak que descubrió durante una visita a Panamá.
Happy Place By Artimuse está situado al final del Village de la Poterie, en Martinica. Es a la vez un estudio y una galería, donde la artista pinta en presencia del público. Los visitantes pueden descubrir coloridas obras inspiradas en el Caribe, que a veces incorporan motivos de cera y referencias geográficas locales, como el monte Pelée o la península de Caravelle. El espacio se identifica por su colorida entrada, decorada con flores y peces pintados. La experiencia no se limita a la contemplación: el espacio está concebido como un lugar para intercambiar y compartir.
Lo que diferencia a Artimuse es su tratamiento del color y los rostros. Utiliza colores puros, sin adulterar, lo que confiere a su obra una intensidad visual inmediata. Su firma más reconocible es la boca en forma de corazón, presente en muchos de sus lienzos, símbolo de dulzura y alegría. Por el contrario, los ojos de sus figuras permanecen deliberadamente neutros, dejando al espectador libertad de interpretación. Su objetivo es claro: transmitir energía positiva y hacer del color un vehículo de bienestar.