El penúltimo episodio de«Historias del cine caribeño» nos acerca al presente. Desde la primera entrega, dedicada a los años 60, ocho episodios han recorrido varios territorios, generaciones y formas de contar el Caribe en el cine.
Esta novena entrega reúne dos obras muy diferentes. Con *Battledream Chronicle*, Alain Bidard traslada a Martinica a un mundo futurista construido en torno a un juego virtual. Con *Buladó*, Eché Janga vuelve a Curazao para hablar del duelo, los espíritus y las tensiones entre la racionalidad y el pensamiento mágico. Estás en el noveno episodio de diez. Los ocho primeros ya están disponibles en Richès Karayib. La próxima entrega cerrará esta cronología con Haití y Guadalupe.
2015: MARTINICA – BATTLEDREAM CHRONICLE, DE ALAIN BIDARD
Esta película es una excepción en esta cronología: de hecho, es uno de los dos largometrajes de animación del cine antillano. Una hazaña notable: los dos los ha hecho íntegramente, tanto a nivel visual como sonoro (doblaje de varios personajes, sobre todo), el martinicano Alain Bidard. Battledream Chronicle, con una fuerte influencia de la estética manga, se desarrolla en un mundo futurista, en el año 2100, en el que las naciones del mundo real se enfrentan a través de un juego virtual, el Battledream.
Los perdedores ven cómo su nación (en esta peli, Martinica es una de ellas) queda totalmente dominada por los vencedores y cómo se borra su memoria colectiva. Reducidos a la esclavitud, los habitantes de las naciones conquistadas tienen que entregar regularmente una cierta cantidad de créditos («1000 XP»), igual que en otros tiempos había que cortar un número determinado de fardos de caña, a los Inquisidores, so pena de que su comunidad quedara arrasada.
Como ya habrás entendido, en esta película se hacen muchas referencias al pasado esclavista y colonial a través de sutiles alusiones. Martinica logró resistir en medio de la Battledream será la última nación en plantarle cara al Imperio, llamado Mortemonde, y lo derrotará. Un dato a destacar: la gran batalla final la librarán dos protagonistas femeninas, que a veces llevan pendientes llamados «criollos» y otras veces un tocado de tela madras (« maré-tèt » en criollo), como mujeres típicas de las Antillas.
Sin duda, son el centro (« poto-mitan » en criollo) de la acción de esta peli: la «fémifocalidad» del cine antillano cobra más fuerza. En cuanto a la segunda peli de Alain Bidard, Opal (2021), aborda con mucha delicadeza el difícil tema del incesto.
Opal, la hija del rey y la reina de un reino futurista, lucha por escapar de su castillo y tiene que aguantar las visitas constantes de su padre, en cuya cara destaca un cuerno (una clara prolongación fálica), que le quita «su magia». A través del recurso imaginativo de la película de animación, Alain Bidard aborda el espinoso tema de la violencia sexual que sufren los niños y, más concretamente, las niñas. Ahora más que nunca, en el cine antillano, las mujeres están tomando el poder.
2020: CURAZAO – BULADÓ, DE ECHÉ JANGA
Buladó es una de esas películas que reflejan a la perfección la capacidad de sorprender del cine caribeño. Seguimos a una adolescente marcada por la muerte prematura de su madre, a la que nunca conoció, atrapada entre su padre, Ouira, un policía de carácter naturalmente autoritario, y su abuelo Weljo, un tipo excéntrico que habla con los espíritus, al borde de la locura.
A pesar de que la trama ya se ha tratado antes y los conflictos son bastante típicos, Eché Janga crea una película cautivadora que destaca las particularidades del paisaje de la pequeña isla neerlandesa de Curazao, con un aspecto desértico en el que se podría rodar un western, así como la gran calidad de su reparto y la belleza del papiamento (papiamentu), una lengua criolla que surgió de la mezcla entre el neerlandés, el portugués, el español, el inglés y palabras de origen africano y amerindio (arawak), y que se habla en varias islas neerlandesas del Caribe.
El conflicto entre el padre y el abuelo plasma muy bien la dualidad cotidiana entre el pensamiento racional europeo y un pensamiento mágico, de origen africano o amerindio, que aún hoy impregna muchas sociedades caribeñas, donde se practican rituales con regularidad en un sorprendente sincretismo de creencias que suelen señalar los etnólogos. La joven Kenza (interpretada por la sorprendente Tiara Richards) llegará incluso a decirle a su padre, mestizo como ella, que «profana» la cama de su perro, recientemente fallecido: «¡Eres realmente un blanco!», es decir, que se comporta como un occidental.
El duelo que la chica va superando poco a poco, mientras su madre le «habla», se mezcla con la irracionalidad asumida de su abuelo, magníficamente interpretado por Felix De Rooy, padre del cine caribeño neerlandófono. De hecho, este último dialoga con los espíritus amerindios despojados de sus tierras, cuya ira no parece haberse apagado.
Aquí nos encontramos doblemente inmersos en un misticismo de gran impacto visual, donde el sueño y la realidad a menudo se confunden. Esta película, una magnífica reflexión cinematográfica sobre el duelo, termina con estas palabras, en voz en off: «La muerte siempre está ahí. Quien aprende a vivir con ella es libre como el viento». Buladó fue elegida por los Países Bajos para representarlos en los Óscar de 2021.
Sobre el autor
Guillaume Robillard es doctor en cine, profesor e investigador, director de documentales y especialista en cine y producción artística antillana. Es autor de dos libros: «La conquista del espacio y del tiempo: el cine antillano (Editorial Jannink, «Hypothèses d’Art», 2023) y Un cine descolonial: los personajes del cine antillano (Presses Universitaires des Antilles, «Arts et Esthétique», 2024).