Santa Lucía y su Festival de Jazz y Artes, que se ha convertido en uno de los acontecimientos culturales imprescindibles del Caribe. Del 9 al 11 de mayo de 2025, Richès Karayib estuvo presente para compartir tres veladas excepcionales de música, cultura y energía caribeñas. Fue una inmersión en el corazón de un acontecimiento que va más allá de ser un simple festival para convertirse en una verdadera declaración de amor por la región, sus talentos y su capacidad para unir a la gente.
9 de mayo: Fusión Caribeña: el Caribe en toda su diversidad
La noche del estreno de Richès Karayib marcó la pauta: el Caribe en todo su esplendor musical. El público, repleto, disfrutó de un panorama de géneros y talentos. La soca ocupó el centro del escenario con la artista trinitense Patrice Roberts, cuya energía conquistó al público desde las primeras notas.
Yung Bredda, también de Trinidad, cuya actuación confirmó la energía sin límites de una nueva generación de artistas.
El sanluqueño Ricky T aportó un toque local y una presencia escénica cálida y auténtica.
Pero fueron Beenie Man y Bounty Killer quienes pusieron el broche de oro a la primera velada. Dos figuras legendarias del dancehall, dos actuaciones sobrecogedoras. Tocaron una sucesión de clásicos, improvisaciones y momentos de comunión, emocionando al público de Pigeon Island hasta la última nota. Un final poderoso, símbolo de la fuerza y la modernidad de la escena caribeña.
10 de mayo - Latidos del Mundo: encrucijadas y encuentros
El sábado trajo una nueva dimensión a la música. Summer Walker, la suave voz del R&B norteamericano, creó una atmósfera silenciosa en la que cada palabra parecía suspendida en el aire. Ruger, de Nigeria, trajo consigo los cálidos colores del afrobeat, tejiendo sin esfuerzo un puente entre África y el Caribe.
Tabou Combo, el legendario grupo haitiano, proporcionó uno de los momentos más emocionantes de la velada. Su compás, tan eficaz como intemporal, unió generaciones y culturas. El talento de Santa Lucía también brilló: Barbara Cadet, al saxofón, ofreció un momento de pura musicalidad, mientras que otros artistas como Semi Francis y Sly & Friends anclaron la velada en la región.
Una velada de contrastes y complementos, donde la estética se cruza sin desvanecerse nunca.
11 de mayo - Gran final con iconos
El domingo, el público se preparó para una velada excepcional. John Legend, solo con su piano o rodeado de sus músicos, creó una rara intimidad con el público. Cada canción, desde “All of Me” hasta “Ordinary People”, resonaba como una confianza colectiva.
A continuación, Earth, Wind & Fire subieron al escenario. Fusionando funk, soul y armonías magistrales, ofrecieron un concierto festivo y elegante. Sus clásicos, retomados a coro, reunieron a todas las generaciones en una misma euforia.
El guitarrista de Santa Lucía Ronald “Boo” Hinkson abrió el espectáculo con una actuación enraizada en el jazz caribeño, acompañado por los invitados internacionales Eric Marienthal, Karen Briggs, Chieli Minucci, The Lao Tizer band y Elliott Yamin. Juntos, celebraron la música como espacio de diálogo, transmisión y placer compartido.
El Caribe se reúne, en el escenario y entre el público
Más allá del programa, este festival es sobre todo un lugar de encuentro. Entre el público, asistentes al festival de toda la región -Martinica, Guadalupe, Jamaica, Haití, Trinidad y Dominica- compartieron danzas, debates y asombro. Momentos sencillos pero poderosos que nos recuerdan que la cultura es un pegamento regional.
Las conversaciones continuaron tras los conciertos, entre descubrimientos artísticos, recuerdos de ediciones anteriores y promesas de reencuentros. El Festival de Jazz y Artes es mucho más que un espectáculo: es un lugar al que pertenecer.
Richès Karayib, testigo y transeúnte
Richès Karayib estuvo allí todo el fin de semana para captar la emoción. Reportajes, fotos, publicaciones en directo, intercambios con los artistas: estuvimos allí para informar y conectar, como hemos hecho desde nuestra creación.
Pero esta presencia sobre el terreno también forma parte de una visión más amplia: llevar la voz de los territorios, fomentar los intercambios culturales y económicos y ofrecer a los artistas un escaparate que refleje su singularidad.
El Festival de Sainte-Lucie nos recordó que la música puede ser una palanca para desarrollar la región de nuevas formas: mediante la cultura, la cooperación y el orgullo.