En mayo de 1977, una bailarina cubana subió al escenario en Nueva York con el Alvin Ailey Dance Theatre. Esa noche, el actor Harry Belafonte estaba entre el público y calificó la velada como un hecho histórico importante. Esa bailarina se llama María Elena Llorente, primera bailarina y maestra de ballet del Ballet Nacional de Cuba. Su trayectoria abarca cincuenta años de danza, desarrollados casi en su totalidad en una sola compañía: la fundada por Alicia Alonso en La Habana, en una isla donde el ballet clásico se ha convertido, con el paso de las décadas, tanto en un motivo de orgullo nacional como en un arte.

María Elena Llorente, de la Sociedad Pro-Arte en la Academia Nacional

Todo empieza en la Sociedad Pro-Arte Musical, una escuela de La Habana donde las jóvenes cubanas aprenden los fundamentos clásicos incluso antes de que se fundara oficialmente el ballet nacional. María Elena Llorente continuó luego su formación en la Academia Nacional de Ballet, bajo la dirección de la propia Alicia Alonso, junto a Fernando Alonso, Marta Mahr, Alexandra Fedórova y José Parés.

Esta generación de profesores forja un estilo cubano muy reconocible, a la vez técnico y teatral, que se convertirá en el sello internacional del Ballet Nacional de Cuba. De esta escuela, María Elena Llorente se lleva una solidez técnica, un cuidado estilístico y una elegancia interpretativa que la crítica cubana le reconocerá a lo largo de toda su carrera.

De 1962 a 1976, María Elena Llorente se convirtió en primera bailarina

María Elena Llorente se incorporó al cuerpo de baile en 1962. Cinco años después, en 1967, la ascendieron a solista, un rango intermedio en el que ya le encargaban variaciones solistas, aunque aún no interpretaba los grandes papeles protagonistas. Tardó otros nueve años de actuaciones diarias antes de alcanzar, en 1976, el rango de primera bailarina, la cima jerárquica de la compañía fundada por Alicia Alonso. Esta lenta progresión —catorce años desde su entrada en la compañía hasta su consagración— refleja la exigencia propia de la escuela cubana, donde el rango nunca se consigue por adelantado, sino a través del escenario, noche tras noche.

María Elena Llorente
@Ballet Nacional de Cuba – BNC oficial

Ofelia, el papel que solo María Elena Llorente ha bailado

El repertorio de María Elena Llorente abarca los grandes clásicos: Lisette en «La fille mal gardée», donde se consolida como un referente del ballet cubano; Giselle y Myrtha en «Giselle»; Odette-Odile en «El lago de los cisnes», Kitri en «Don Quijote», Aurora y Florina en «La bella durmiente» y Esperanza en «La tarde de un fauno». Pero hay un papel que se identifica exclusivamente con su nombre: el de Ofelia en la versión completa de «Hamlet» montada por el Ballet Nacional de Cuba.

Ninguna otra bailarina de la compañía ha interpretado este papel protagonista femenino desde entonces, algo poco habitual en un repertorio en el que los grandes papeles clásicos suelen pasar de una generación de bailarinas a otra. La velada neoyorquina de 1977 con el Alvin Ailey Dance Theatre confirma, por su parte, un reconocimiento que traspasa las fronteras de la isla, en una época en la que una gira cubana por Estados Unidos no era nada fácil. Su carrera también le valió la medalla de bronce en el IV Concurso Internacional de Ballet de Varna, en Bulgaria, uno de los eventos más exigentes de la danza clásica de su época, y posteriormente la medalla Alejo Carpentier y la Orden Félix Varela de primera clase.

María Elena Llorente
@Ballet Nacional de Cuba – BNC oficial

María Elena Llorente, transmitir el repertorio más allá del escenario

María Elena Llorente baila su última función el 28 de octubre de 2002, en «Souvenir». No deja el Ballet Nacional de Cuba. Se convierte en maestra y repetidora, encargada de transmitir a las bailarinas más jóvenes los papeles que ella misma ha interpretado durante cuatro décadas, corrigiendo en el escenario los detalles de un movimiento de brazos o de una intención dramática que solo el escenario enseña de verdad.

Su labor como profesora la llevó hasta la Escuela Nacional de Ballet de Cuba y, después, a España, donde impartió clases en la Comunidad Valenciana en nombre de la Cátedra Alicia Alonso, difundiendo así la escuela que la había formado. En 2015, el Estado cubano le concedió el Premio Nacional de Danza, la culminación de una larga carrera construida íntegramente en una sola compañía, desde que entró en el cuerpo de baile hasta la paciente transmisión del repertorio.

María Elena Llorente falleció el 21 de septiembre de 2026 en La Habana, a los 80 años. Deja un repertorio que otras bailarinas siguen interpretando en los escenarios cubanos, en esa misma La Habana donde ella debutó, y el recuerdo de una noche en Nueva York en la que un papel cubano bastó para convencer a Harry Belafonte. Queda, en el escenario de La Habana, el papel de Ofélia, que se ha quedado sin heredera, y la pregunta de quién se atreverá algún día a retomarlo.

María Elena Llorente
@Ballet Nacional de Cuba – BNC oficial

María Elena Llorente fue primera bailarina y profesora de ballet del Ballet Nacional de Cuba; entró en la compañía en 1962 y la ascendieron a primera bailarina en 1976. Falleció el 21 de septiembre de 2026 en La Habana, a los 80 años, tras haber dedicado cincuenta años exclusivamente a esta compañía.

Ha interpretado a Lisette en «La fille mal gardée», a Giselle y a Myrtha en «Giselle», a Odette-Odile en «El lago de los cisnes», a Kitri en «Don Quijote» y a Aurora en «La bella durmiente». Sigue siendo la única bailarina del Ballet Nacional de Cuba que ha interpretado a Ofelia en la versión completa de «Hamlet».

En 2015 recibió el Premio Nacional de Danza de Cuba, la medalla de bronce del IV Concurso Internacional de Ballet de Varna (Bulgaria), la medalla Alejo Carpentier y la Orden Félix Varela de primera clase.