Thomas Alexandre D umas es sin duda una de las grandes figuras olvidadas de la historia franco-haitiana. Nacido esclavo en 1762 en Jérémie, en la colonia de Saint-Domingue (actual Haití), se convirtió en el primer general negro del ejército francés y en el padre del famoso escritor Alexandre Dumas. Su carrera, excepcional en todos los aspectos, encarna tanto los ideales revolucionarios franceses como la contribución fundamental de Haití a la historia universal.
De Santo Domingo a Francia: los orígenes de un destino extraordinario
Nacido en una sociedad esclavista profundamente desigual, Thomas Alexandre Dumas nació el 25 de marzo de 1762. Su padre, un aristócrata arruinado, y su madre, una esclava de ascendencia africana, le transmitieron, a su pesar, el peso de una sociedad colonial jerárquica y violenta. A los 13 años, abandonó Saint-Domingue con su padre, que le hizo pasar por esclavo para eludir la legislación francesa que prohibía la esclavitud en la Francia continental.
Tras llegar a Francia en 1776, fue liberado y recibió una educación aristocrática. Se inició en la esgrima y la equitación y frecuentó los círculos de la alta sociedad. Esta transición de la esclavitud a la libertad marcó un giro decisivo en la carrera de Thomas Alexandre Dumas, aunque la relación con su padre se deterioró pronto.
Un compromiso revolucionario y una elección de nombre significativa
En 1786, a la edad de 24 años, se alistó en el ejército como soldado raso, utilizando el apellido de su madre, Dumas, que su padre le había prohibido usar. No fue una elección insignificante: afirmaba su identidad negra y haitiana en una época en que la sociedad francesa seguía fuertemente marcada por el racismo colonial. La Revolución Francesa ofreció a Thomas Alexandre Dumas un escenario en el que sus habilidades y su valentía pudieron por fin expresarse plenamente.
A partir de 1792, se distinguió por espectaculares hazañas de armas, incluida la captura de doce enemigos sin ayuda de nadie. Se alistó en la Légion franche des Américains et du Midi -también conocida como Légion noire- y ascendió a la velocidad del rayo. En 1793, con sólo 31 años, se convirtió en general de división, al mando de 53.000 hombres al frente del Ejército de los Alpes. Un ascenso sin precedentes para un negro en un ejército occidental.
El "Diablo Negro" se enfrenta a los enemigos de la República
Durante la campaña de los Alpes, Thomas Alexandre Dumas se distinguió por tomar el paso de Petit-Saint-Bernard, una posición estratégica en poder de los austriacos. Su audaz ataque en condiciones extremas le granjeó el respeto de sus hombres y el temor de sus enemigos. Los austriacos le apodaron el “Diablo Negro” (Schwarzer Teufel). Napoleón Bonaparte, entonces general en jefe, lo comparó con el héroe romano Horacio Cocles, un elogio poco frecuente.
Sin embargo, este reconocimiento no impidió que crecieran las tensiones entre ambos hombres. Thomas Alexandre Dumas se mantuvo fiel a los ideales republicanos y se negó a aceptar los abusos cometidos en Egipto, donde se opuso frontalmente a los métodos de Bonaparte. Esta oposición, unida a la popularidad del General Negro entre las tropas y los propios egipcios, avivó los celos de Napoleón.
Cautiverio, desgracia y aniquilación
En 1799, agotado y enfermo, Thomas Alexandre Dumas abandonó Egipto. Su barco encalló en Italia, donde fue capturado y encarcelado durante dos años en condiciones inhumanas. Fue torturado, envenenado y privado de toda comunicación con su familia. Este periodo marcó el inicio de un lento declive.
A su regreso a Francia en 1801, se estableció el Imperio Napoleónico. El Consulado, y luego el Imperio, excluyeron gradualmente a los oficiales negros. En 1802 se restableció la esclavitud en las colonias. Bonaparte se negó a recibir a Dumas y le privó de todo mando. A pesar de sus reiteradas peticiones, Thomas Alexandre Dumas no recibió ni pensión ni reconocimiento alguno. Murió en Villers-Cotterêts en 1806, arruinado, a la edad de 44 años.
Transmitir recuerdos a través de la escritura
Su hijo, Alexandre Dumas padre, que sólo tenía cuatro años cuando murió su padre, creció recordando los relatos heroicos que le transmitió su madre. Este legado moral y simbólico alimentaría una obra literaria que llegaría a ser universal. Las figuras del Conde de Montecristo, D’Artagnan y los Mosqueteros se hacen eco del valor y las injusticias sufridas por Thomas Alexandre Dumas.
A través de las novelas de su hijo, la memoria de este general haitiano y héroe de la Revolución se transmite a las generaciones futuras. La influencia de esta historia familiar en la literatura del siglo XIX es considerable, al igual que su significado simbólico para la diáspora negra francófona.
Un patrimonio compartido por Haití y Francia
La vida de Thomas Alexandre Dumas ilustra la gran aportación de Haití a la historia de Francia. Héroe militar, modelo de integridad y hombre de principios republicanos, encarnó los ideales de libertad, igualdad y fraternidad en una época en la que pocos negros podían estar a la altura de tales responsabilidades.
Su memoria resurge lentamente. Una estatua en su honor, erigida en París en 1912, fue destruida por los nazis en 1942. En 2008, se instaló en el mismo lugar la obra “Fers”, que representa cadenas rotas. En 2021, el Ayuntamiento de París votó la reinstalación de una estatua del General. El entierro de Alexandre Dumas père en el Panteón en 2002 también sirvió para reavivar el homenaje a su padre.
Una memoria por reconstruir
Reconocer a Thomas Alexandre Dumas es recordar que la historia de Francia no puede leerse sin la historia de sus antiguas colonias. También significa afirmar que las figuras de Haití y el Caribe han contribuido profundamente al patrimonio cultural y político de Francia. En un momento en que los debates sobre la memoria colonial recorren las sociedades contemporáneas, su rehabilitación simboliza un paso hacia una historia compartida y apaciguada.
Héroe de la Revolución y víctima del Imperio, Thomas Alexandre Dumas es la encarnación de una época de contradicciones y esperanzas. A través de su vida, Francia y Haití encuentran un punto de unión memorial, histórico y simbólico. El redescubrimiento de esta gran figura histórica debe ir acompañado de un esfuerzo de transmisión y reconocimiento de su legado, para que el nombre de este general negro, nacido esclavo en Haití, recupere el lugar que le corresponde en el relato nacional y universal.