Entre Macouria y Montsinéry-Tonnegrande, el Zoo de Guayana es un lugar único. Lejos de ser sólo un lugar para observar la vida salvaje, desempeña un papel central en la conservación, cuidado y rehabilitación de las especies locales, a menudo amenazadas. Este parque, miembro de la Asociación Europea de Zoos y Acuarios (EAZA), forma parte de un enfoque que combina la acogida del público con misiones científicas de conservación, en una zona donde la Amazonia cubre más del 90% del territorio.
De unos orígenes singulares a una misión reforzada
La historia del Zoo de Guayana comenzó en 1983, bajo el nombre de Fauna Flora Amazónicaun centro especializado en la cría de colibríes. Pronto amplió su campo de acción para convertirse en un parque de vida salvaje, hogar de varias especies emblemáticas de la región amazónica. Cerrado en 2007 por motivos de seguridad y modernización, fue reabierto en 2008 por Franck y Angélique Chaulet, que ya eran propietarios del Zoo de Guadalupe y del Jardín de Balata.
Desde entonces, el lugar se ha sometido a una revisión completa y a importantes ampliaciones de infraestructura, incluido un vasto aviario inaugurado en 2014 en homenaje a Eugène Bellony, figura pionera de los parques de fauna salvaje de la Guayana Francesa.
¿Por qué crear un refugio así?
La creación del Zoo de la Guayana Francesa fue una respuesta a una doble necesidad: proporcionar un espacio seguro a las especies amenazadas y sensibilizar al público sobre la riqueza y fragilidad de la biodiversidad de Guayana. Este departamento amazónico alberga un patrimonio natural excepcional, pero también está sometido a múltiples presiones: deforestación, caza ilegal, tráfico de animales y destrucción del hábitat. En este contexto, la estructura se ha convertido en un eslabón esencial en la lucha por la supervivencia de algunas especies emblemáticas, como el jaguar o la feroz arpía, que están experimentando una reducción gradual de su espacio vital.
Una misión científica y medioambiental. Foto ©Zoo de Guyana
En el centro de sus actividades, el Zoo dirige programas de cría en el marco del EEP (Programa Europeo de Especies Amenazadas), relativas a más de una docena de especies amenazadas alojadas en el sitio. Estas iniciativas permiten mantener poblaciones viables en cautividad, al tiempo que prevén su reintroducción en su hábitat natural cuando sea posible.
Al mismo tiempo, el Zoo colabora con la asociación SOS Fauna SalvajeUn centro de atención para animales heridos, enfermos o cazados furtivamente. Tras la rehabilitación, algunos ejemplares son devueltos a la selva amazónica, completando un ciclo de rescate que va más allá del alcance de un zoo tradicional. Esta colaboración da lugar a acciones concretas sobre el terreno, que van desde el seguimiento veterinario hasta la liberación de animales como perezosos y tucanes, a los que a veces se cuida durante varios meses.
Un espacio diseñado para el bienestar animal
Zoo de la Guayana Francesa abarca varias hectáreas de bosque, con amplios recintos diseñados para reproducir lo más fielmente posible el entorno natural de cada especie. El recorrido discurre por senderos forestales y pasarelas suspendidas, ofreciendo a los visitantes una inmersión respetuosa en el entorno amazónico. Los puentes sobre las copas de los árboles, de casi 400 metros de longitud, permiten a los visitantes observar a los animales en condiciones cercanas a la naturaleza. Jaguares, pumas, feroces arpías, monos araña de cara roja, caimanes, tapires, ibis rojos y tigrillos son algunos de los residentes permanentes.
Cada instalación está diseñada para fomentar el comportamiento natural: estanques para las especies acuáticas, perchas altas para las aves, zonas arboladas para los felinos. Los cuidadores y veterinarios del recinto trabajan a diario para enriquecer el entorno de los animales, con el fin de estimular sus instintos y su bienestar.
Valor añadido para el turismo local
Además de su función ecológica, el Zoo se ha convertido en la segunda atracción turística más popular del departamento, sólo por detrás de las Islas de la Salut. Atrae tanto a residentes como a viajeros que buscan un mejor conocimiento de la fauna amazónica. Las repercusiones económicas incluyen la creación de puestos de trabajo directos, la formación de personal especializado y la estimulación de actividades relacionadas, como la hostelería y la restauración. El sitio también se integra en circuitos de descubrimiento más amplios, vinculando el patrimonio natural y cultural.
Un compromiso duradero. Foto ©Guyana Zoo
La existencia del Zoo de Guayana ilustra la forma en que el turismo y la protección del medio ambiente pueden complementarse. Al mostrar las especies locales y participar activamente en su protección, el parque encarna una forma de turismo responsable, centrado en transmitir conocimientos y proteger nuestro patrimonio natural. Este modelo demuestra que un centro de visitantes puede convertirse en un agente clave de la conservación, sin dejar de ser un activo importante para la economía local.