El sargazo, considerado durante mucho tiempo un azote del Caribe, es ahora el centro de un innovador proyecto en San Vicente y las Granadinas. El archipiélago está embarcado en una iniciativa piloto para transformar esta alga parda en recursos agrícolas y económicos. Este planteamiento ilustra la voluntad de las pequeñas islas de pasar de una limitación medioambiental a una estrategia de desarrollo sostenible, centrándose en la economía azul.
Un fenómeno que está sacudiendo el Caribe
Desde 2011, la proliferación masiva de sargazo se ha convertido en un grave problema en la región. Esta alga parda, principalmente de las especies Sargassum natans y S. fluitans, forma cada año enormes balsas flotantes, a la deriva desde África Occidental hasta las costas del Caribe y el Golfo de México. En 2018, más de un millón de toneladas cubrieron las playas mexicanas, marcando un punto de inflexión en la concienciación regional sobre este fenómeno.
Las consecuencias son de gran alcance: perturbación del turismo, daños en los equipos de pesca, bloqueo de puertos y amenaza para la salud pública. Cuando se descomponen, liberan sulfuro de hidrógeno, un gas tóxico que puede causar problemas respiratorios. Para los Estados insulares, la gestión de esta plaga representa costes considerables, por lo que es esencial un enfoque de recuperación.
Un proyecto piloto internacional
En este contexto, San Vicente y las Granadinas se ha convertido en el escenario de un ambicioso experimento. La empresa británica Seafields Solutions Ltd ha unido sus fuerzas a las de la empresa local Private Refuse and Garbage Disposal (PRGD) para poner en marcha un proyecto piloto de recuperación de sargazo, que se desarrollará entre septiembre de 2025 y abril de 2026.
Con una financiación de 15 millones de dólares, esta iniciativa forma parte del programa “Liberación de la Economía Azul en el Caribe” (UBEC), apoyado por la Organización de Estados del Caribe Oriental (OECO) y el Banco Mundial. Combina tecnologías marítimas avanzadas, suministradas por Seafields, con los conocimientos operativos de PRGD sobre el terreno.
El sistema incluye embarcaciones especializadas, barreras flotantes y zonas de almacenamiento en el mar para gestionar el flujo de algas. Una vez recolectadas, las algas se procesan localmente, creando una cadena de valor que beneficia directamente a la economía de la isla.
Del biocarbón a los bioestimulantes: salidas agrícolas prometedoras
El objetivo central de este proyecto es convertir el sargazo en productos de alto valor añadido útiles para la agricultura sostenible. Hay dos ejes principales:
- 💡 El biocarbón, obtenido de la carbonización de las algas, mejora la estructura del suelo, aumenta su capacidad de retención de agua y favorece el crecimiento de las plantas. Los rendimientos agrícolas observados con el biochar superan a veces los obtenidos con fertilizantes químicos, llegando a más de 4 toneladas por hectárea.
- 💡Los bioestimulantes, extraídos de las algas, aumentan la resistencia de los cultivos al estrés climático y mejoran la absorción de nutrientes. También permiten reducir el uso de fertilizantes nitrogenados en casi un 30%, contribuyendo a una agricultura más respetuosa con el medio ambiente.
Beneficios económicos y sociales
La puesta en marcha de este proyecto piloto tendrá un impacto directo en las comunidades locales. Al crear puestos de trabajo en la recogida, el transporte, la transformación y la comercialización de los subproductos, el reciclaje del sargazo genera nuevas fuentes de ingresos. También reduce los costes asociados a las operaciones de limpieza, que suelen ser muy gravosas para las finanzas públicas.
Como explica John Auckland, director general de Seafields:
“Esta asociación demuestra cómo el sargazo, antes considerado una carga costosa, puede convertirse en un recurso valioso que genere puestos de trabajo”.
También se pretende hacer sostenible esta industria mediante la creación de una empresa conjunta, Seafields SVG, que podría convertirse en un modelo para otros territorios caribeños que se enfrentan al mismo reto.
Una dinámica regional en expansión
San Vicente y las Granadinas no es un caso aislado. En todo el Caribe, empresarios e instituciones están explorando cómo sacar el máximo partido del sargazo. En enero de 2025, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y su laboratorio de innovación IDB Lab lanzaron la Sargassum Innovation Quest, diseñada para apoyar los proyectos más prometedores.
En Barbados, el empresario Joshua Forte lleva desde 2014 convirtiendo el sargazo en compost orgánico a través de su empresa Red Diamond Compost. En Guadalupe, SUEZ trabaja en la producción de abonos orgánicos y el saneamiento de suelos contaminados con clordecona. En la República Dominicana, SOS Carbon trabaja con Origin by Ocean en el desarrollo de abonos y piensos. En México, C-Combinator está explorando la producción de cuero ecológico y bioestimulantes.
Esta efervescencia regional demuestra que el Caribe avanza gradualmente hacia una economía azul integrada, en la que el sargazo ya no se percibe únicamente como una amenaza.
Una oportunidad para el Caribe
El proyecto piloto puesto en marcha en San Vicente y las Granadinas ilustra un cambio de enfoque ante las crisis medioambientales. En lugar de sufrir la afluencia masiva de sargazo, el archipiélago ha optado por convertirlo en una palanca de crecimiento. Esta estrategia coincide plenamente con los objetivos de la economía azul, que pretende hacer un uso sostenible de los recursos marinos protegiendo al mismo tiempo los ecosistemas.
Apoyándose en la tecnología, la innovación y la cooperación regional, San Vicente y las Granadinas está allanando el camino para una nueva forma de ver el futuro del sargazo en el Caribe.