Redonda Antigua y Barbuda no tiene pueblo, ni carretera, ni hotel. Sin embargo, esta isla volcánica deshabitada es la historia de una de las restauraciones ecológicas más impresionantes del Caribe. Desde 2017, esta roca desierta durante mucho tiempo se ha convertido de nuevo en refugio de aves, reptiles endémicos y vegetación autóctona.
Una roca aislada frente a la costa de Antigua
Vista desde el mar, Redonda parece al principio una masa mineral. Es una ladera escarpada, escondida entre Antigua, Montserrat y Nieves, lejos de las rutas turísticas habituales. Mide unos 1,3 km² y se eleva a casi 305 metros sobre el nivel del mar. Es la más pequeña de las tres islas que componen Antigua y Barbuda, pero su historia reciente supera con creces su tamaño.
2017, el año del cambio
El hecho que lo cambió todo fue la fecha: 2017. Ese año, los equipos del Programa de Restauración de Redonda eliminaron las ratas negras invasoras y reubicaron a las cabras salvajes en Antigua. El programa, puesto en marcha en 2016 con el Departamento de Medio Ambiente de Antigua y Barbuda, el Grupo de Concienciación Medioambiental y Fauna y Flora, pretendía salvar una isla cuyo ecosistema se estaba colapsando.
Durante décadas, Redonda había sufrido un doble azote. Las ratas devoraban los huevos, las crías de aves y la pequeña fauna. Las cabras, abandonadas tras la actividad humana en el pasado, pastaron las plantas hasta impedir la regeneración natural. Poco a poco, la isla perdió su cubierta vegetal. El suelo se deslizó hacia el mar. Los arrecifes cercanos recibieron rocas y sedimentos.
Una isla moldeada por la minería del guano
Este paisaje desnudo no era sólo el resultado de la naturaleza. En el siglo XIX, Redonda también se explotó por el fosfato contenido en el guano, un depósito de excrementos de aves utilizado como fertilizante. Participaron sobre todo trabajadores de Montserrat. La actividad decayó tras la Primera Guerra Mundial, pero las especies introducidas permanecieron. Continuaron transformando la isla mucho después de que los hombres se hubieran marchado.
El retorno visible de la vida
El retorno fue rápido. En dos años, según Fauna & Flora, regresaron a Redonda 15 especies de aves terrestres, y el número de lagartos terrestres de Redonda se multiplicó por ocho. Más tarde, el seguimiento confirmó un aumento espectacular de la biomasa vegetal, un fuerte incremento de los reptiles endémicos y el retorno de la vida terrestre que muchos creían casi perdida.
Lo que hace única a Redonda es que la isla no cuenta la historia de la conservación como una idea abstracta. La hace visible. Donde había tierra gris, vuelve la vegetación. Donde antes dominaban las ratas, vuelven las aves. Donde la erosión arrasó la tierra, las raíces vuelven a mantenerla unida. La transformación no se basa en grandes discursos, sino en acciones precisas: eliminar las especies invasoras, vigilar y prevenir su regreso, controlar las poblaciones animales, proteger el mar que rodea la isla.
Una reserva para proteger la tierra y el mar
En 2023, esta reconstrucción dio un paso más con la creación de la Reserva del Ecosistema de Redonda. Esta zona protegida abarca casi 30.000 hectáreas de tierra y mar, incluida la isla, las praderas marinas circundantes y un vasto arrecife de coral. Para Antigua y Barbuda, Redonda se está convirtiendo así en algo más que una roca aislada: se está convirtiendo en una herramienta nacional de protección de la biodiversidad.
La fuerza de este modelo reside también en su rechazo al turismo de masas. Redonda no es una isla fácil de vender. Sus acantilados, la falta de agua dulce permanente y su difícil acceso la mantienen a distancia. Pero esta distancia le confiere un valor poco común: el de un laboratorio natural donde podemos medir en qué puede volver a convertirse una isla cuando retroceden la presión humana y las especies invasoras.
Otro relato del Caribe
En un Caribe a menudo presentado por sus playas, Redonda cuenta una historia diferente. Es la historia de un territorio diminuto, deshabitado y dañado durante mucho tiempo, al que la ciencia paciente y la cooperación local están devolviendo la vida. Su belleza no puede resumirse en una imagen. Se puede ver en el regreso de las aves, en los lagartos que están recolonizando las rocas, en las plantas que vuelven a mantener unida la tierra.
Por último, Redonda nos recuerda que la grandeza de una isla no depende de su población, sus carreteras o sus hoteles. Puede depender de que recupere su equilibrio. Y si esta roca de Antigua y Barbuda puede volver del desierto, ¿cuántos otros pequeños territorios caribeños podrían recuperar también parte de lo que habían perdido?
Redonda es una isla deshabitada perteneciente a Antigua y Barbuda. Está situada en las Antillas Menores, entre Antigua, Montserrat y Nieves.
Redonda se ha convertido en un raro ejemplo de restauración ecológica con éxito. Desde 2017, la eliminación de las ratas invasoras y las cabras asilvestradas ha propiciado el retorno de la vegetación, las aves y los reptiles endémicos.
Redonda no es un destino turístico clásico. El acceso es difícil y la isla está protegida sobre todo por su valor ecológico, especialmente como parte de la Reserva del Ecosistema de Redonda.