En Redonda, la tercera isla más grande de Antigua y Barbuda, la vegetación ha aumentado más de un 2.000% en ocho años. “La isla se ha transformado ante nuestros propios ojos”, afirma Johnella Bradshaw, coordinadora de programas del Grupo de Concienciación Medioambiental. Ni pueblo, ni carretera, ni hotel, sólo una roca volcánica de 1,6 km² que hoy cuenta la historia de una de las restauraciones ecológicas más bellas del Caribe.
Una roca aislada frente a la costa de Antigua
Vista desde el mar, Redonda parece al principio una masa mineral. Es una ladera escarpada, escondida entre Antigua, Montserrat y Nieves, lejos de las rutas turísticas habituales. Mide unos 1,6 km² y se eleva a casi 305 metros sobre el nivel del mar. Es la más pequeña de las tres islas que componen Antigua y Barbuda, pero su historia reciente supera con creces su tamaño.
2017, el año del cambio
El hecho que lo cambió todo fue la fecha: 2017. Ese año, los equipos del Programa de Restauración de Redonda eliminaron las ratas negras invasoras y reubicaron a las cabras salvajes en Antigua. El programa, puesto en marcha en 2016 con el Departamento de Medio Ambiente de Antigua y Barbuda, el Grupo de Concienciación Medioambiental y Fauna y Flora, pretendía salvar una isla cuyo ecosistema se estaba colapsando.
Durante décadas, Redonda había sufrido un doble azote. Las ratas devoraban los huevos, las crías de aves y la pequeña fauna. Las cabras, abandonadas tras la actividad humana en el pasado, pastaron las plantas hasta impedir la regeneración natural. Poco a poco, la isla perdió su cubierta vegetal. El suelo se deslizó hacia el mar. Los arrecifes cercanos recibieron rocas y sedimentos.
Una isla moldeada por la minería del guano
Este paisaje desnudo no era sólo el resultado de la naturaleza. En el siglo XIX, Redonda también se explotó por el fosfato contenido en el guano, un depósito de excrementos de aves utilizado como fertilizante. Participaron sobre todo trabajadores de Montserrat. La actividad decayó tras la Primera Guerra Mundial, pero las especies introducidas permanecieron. Continuaron transformando la isla mucho después de que los hombres se hubieran marchado.
El retorno visible de la vida
El retorno ha sido rápido. En pocos años, la biomasa vegetal ha aumentado más de un 2.000%, según datos del Departamento de Medio Ambiente de Antigua y Barbuda. El número de especies de aves terrestres ha aumentado de 9 a 23. Los dragones de tierra de Redonda -unos lagartos negros únicos que no viven en ningún otro lugar del mundo- vieron cómo su población se multiplicaba por trece entre 2017 y 2021. Donde el suelo era gris, está volviendo la vegetación. Donde antes dominaban las ratas, vuelven a anidar los pájaros. Donde la erosión arrastraba la tierra hacia el mar, las raíces vuelven a mantener unido el suelo.
Una reserva para proteger la tierra y el mar
En septiembre de 2023, esta reconstrucción alcanzó una nueva etapa con la creación de la Reserva del Ecosistema de Redonda. Esta zona protegida abarca casi 30.000 hectáreas de tierra y mar, incluida la isla, praderas marinas y un arrecife de coral de 18.000 hectáreas. Según una encuesta nacional, el 96% de los habitantes de Antigua y Barbuda apoyan esta protección * un raro consenso sobre una cuestión medioambiental.
La fuerza de este modelo reside también en su rechazo al turismo de masas. Redonda no es una isla fácil de vender. Sus acantilados, la falta de agua dulce permanente y su difícil acceso la mantienen a distancia. Pero esta distancia le confiere un valor poco común: el de un laboratorio natural donde podemos medir en qué puede volver a convertirse una isla cuando retroceden la presión humana y las especies invasoras.
Otro relato del Caribe
En un Caribe a menudo presentado por sus playas, Redonda cuenta una historia diferente. Es la historia de un territorio diminuto, deshabitado y dañado durante mucho tiempo, al que la ciencia paciente y la cooperación local están devolviendo la vida. Su belleza no puede resumirse en una imagen. Se puede ver en el regreso de las aves, en los lagartos que están recolonizando las rocas, en las plantas que vuelven a mantener unida la tierra.
Por último, Redonda nos recuerda que la grandeza de una isla no depende de su población, sus carreteras o sus hoteles. Puede depender de que recupere su equilibrio. Y si esta roca de Antigua y Barbuda puede volver del desierto, ¿cuántos otros pequeños territorios caribeños podrían recuperar también parte de lo que habían perdido?
Redonda es una isla deshabitada perteneciente a Antigua y Barbuda. Está situada en las Antillas Menores, entre Antigua, Montserrat y Nieves.
Redonda se ha convertido en un raro ejemplo de restauración ecológica con éxito. Desde 2017, la eliminación de las ratas invasoras y las cabras asilvestradas ha propiciado el retorno de la vegetación, las aves y los reptiles endémicos.
Redonda no es un destino turístico clásico. El acceso es difícil y la isla está protegida sobre todo por su valor ecológico, especialmente como parte de la Reserva del Ecosistema de Redonda.