El 21 de junio de 2026, las calles, plazas y espacios culturales de Martinica, Guadalupe y Guayana acogieron conciertos, escenarios abiertos y encuentros musicales. En estos tres territorios, la Fiesta de la Música se celebró de formas diferentes, en contacto con los repertorios locales, los artistas aficionados y los profesionales.
La 45.ª Fiesta de la Música, abierta a todo el mundo
Creada en 1982 por iniciativa de Jack Lang, Maurice Fleuret y Christian Dupavillon, la Fiesta de la Música celebraba este año su 45.ª edición. Su idea sigue siendo la misma: dar protagonismo a la música en directo, reunir a aficionados y profesionales y ofrecer conciertos gratis el 21 de junio. Hoy en día, este evento se celebra en más de un centenar de países.
En los territorios franceses del Caribe y la Amazonía, este marco común se reinterpreta a partir de las realidades locales. El zouk, el gwoka, la biguine, el reggae, el jazz criollo, las percusiones, la música urbana y las influencias sudamericanas pueden mezclarse en una misma programación. Esta diversidad no convierte a los tres territorios en un todo uniforme. Más bien muestra cómo cada uno se apropia de un evento nacional según sus propios escenarios, sus idiomas y sus corrientes musicales.
En Martinica, un recorrido entre el centro de la ciudad y los barrios
En Fort-de-France, el Ayuntamiento había anunciado un recorrido musical pensado para que los artistas y el público se movieran entre el centro de la ciudad y los distintos barrios. La convocatoria municipal también contaba con la participación de voluntarios en la organización, siguiendo el espíritu participativo del evento.
En toda la isla, la programación se extendió por varios municipios y, en algunos casos, duró todo el fin de semana. En Schœlcher, el «Village musical» anunciaba la presencia de más de 200 artistas repartidos en siete escenarios. Entre las propuestas había gospel, reggae, salsa, percusión, música tradicional, sesiones de DJ y expresiones urbanas. Esta mezcla de generaciones y repertorios ilustra uno de los puntos fuertes de la Fiesta de la Música: crear un escenario común sin imponer un género dominante.
En Guadalupe, el patrimonio musical ocupa un lugar destacado
En Pointe-à-Pitre, el programa anunciaba una edición especial del Mercado de Kalina, de las 8:30 a las 17:00 en la plaza de la Victoire, dedicada a las culturas y tradiciones de Guadalupe, con actuaciones artísticas. Así que el evento se parecía más a una jornada cultural y musical que a un gran concierto nocturno.
En otras partes del archipiélago, los programas han dado un lugar destacado al patrimonio musical de Guadalupe. En Le Moule, el programa de dos días combinó un encuentro con Pierre-Édouard Décimus y Maalkhéma, una actividad en torno al ka, un escenario abierto, además de zouk, biguine, jazz y gospel. Esta programación nos recuerda que la Fiesta de la Música también puede transmitir una historia musical, dar a conocer los instrumentos de la isla y tender un puente entre el legado y la creación contemporánea.
En la Guayana Francesa, espacios abiertos entre la ciudad y la Amazonía
En la Guayana Francesa, la Fiesta de la Música se celebró de varias formas. En Cayena, hubo varios eventos en el espacio público. Se había anunciado un escenario abierto a partir de las 16:00 en la plaza de las Cadenas Rotas, y luego otra actuación en la plaza de los Palmistas a partir de las 18:00 con varios DJ. El festival Kayenn’Art, que se celebró en La Poudrière durante el fin de semana, también combinó artes visuales, creaciones locales y actuaciones musicales.
Estas propuestas reflejan una geografía sonora particular. La música de la Guayana se va forjando a partir del contacto con repertorios criollos, bushinengués, surinameses, brasileños y caribeños. Sin embargo, hay que evitar reducir estos intercambios a una sola frontera o a un solo género: siguen las migraciones, las lenguas, los medios de comunicación, las colaboraciones artísticas y la historia de la meseta de las Guayanas.
¿Por qué la Fiesta de la Música sigue siendo accesible?
La gratuidad sigue siendo uno de los rasgos más característicos de la Fiesta de la Música. Eso no significa que cada actividad se pueda organizar sin normas ni coordinación. Los ayuntamientos convocan a la gente a participar, definen los espacios y supervisan las instalaciones. Pero el acceso del público a los conciertos que forman parte del programa sigue siendo gratuito.
Frente a los eventos culturales para los que hay que comprar entrada, este principio crea una relación diferente con el escenario. El público puede ir de un sitio a otro, escuchar a un grupo desconocido o pararse delante de un escenario abierto sin tener que comprar una entrada. Esta accesibilidad fomenta los encuentros, aunque por sí sola no basta para medir el éxito cultural de una edición.
La Fiesta de la Música de 2026 se celebró oficialmente el 21 de junio, aunque algunas actividades se repartieron a lo largo de varios días del fin de semana. Esta 45.ª edición contó con conciertos, escenarios abiertos y eventos culturales en varios municipios de Martinica, Guadalupe y Guayana.
En Martinica, Fort-de-France ofrecía un recorrido musical entre el centro de la ciudad y los barrios, mientras que Schœlcher anunciaba más de 200 artistas repartidos en siete escenarios. En Guadalupe, el Mercado de Kalina en Pointe-à-Pitre y las actividades organizadas en Le Moule ponían de relieve las culturas locales. En Guayana, Cayena acogió, entre otras cosas, escenarios abiertos en las plazas de las Chaînes brisées y de los Palmistes, así como el festival Kayenn’Art en La Poudrière.
La Fiesta de la Música permite a artistas aficionados y profesionales actuar gratis en espacios públicos. En Martinica, Guadalupe y Guayana, también da un lugar destacado a los repertorios locales y regionales, como el zouk, el gwoka, la biguine, el reggae, las percusiones, la música urbana y las influencias amazónicas.