En Venecia, Annalee Davis no trajo ninguna imagen abstracta de Barbados. Para la Bienal de Arte de 2026, la artista llevó al Arsenal plantas de su jardín, tejidos, dibujos de palmeras y la reproducción a tamaño real de un pájaro que hoy se cree extinto. Detrás de esta instalación, hay una misma pregunta que recorre toda su obra: ¿qué hacer con una tierra cuando su historia sigue marcada por la esclavitud?
Crear desde el mismo lugar donde se desarrolla la historia
Annalee Davis nació en 1963 en Saint Michael y ahora vive en Saint George, en la Barbados. Su taller está en Walker’s Dairy, en una antigua finca azucarera donde su familia criolla ha vivido durante varias generaciones. El lugar no es solo un decorado: da forma a su trabajo. La historia familiar le aporta una profundidad especial. La finca, una antigua plantación de caña de azúcar, la compró su bisabuela paterna antes de convertirla en una granja lechera. Annalee Davis lleva más de veinte años viviendo y trabajando allí. Así, la tierra se convierte a la vez en un archivo familiar, un vestigio del sistema colonial y un espacio del presente.
Una artista entre la biografía, la historia y el territorio
Annalee Davis, artista visual, escritora, educadora y organizadora cultural, trabaja en la intersección entre la biografía y la historia. Le interesan las «economías posplantación» y cómo los legados coloniales siguen dando forma a los paisajes y las sociedades caribeñas. Su compromiso va más allá de su propio taller. Es directora fundadora de Fresh Milk y ha cofundado varias iniciativas artísticas pancaribeñas, como Caribbean Linked, Tilting Axis y Sour Grass. Para ella, crear no es solo producir obras, sino también construir espacios donde los artistas de la región puedan reunirse, moverse y pensar juntos.
Después de plantar, ¿qué puede pasar con la tierra?
Desde hace más de una década, Annalee Davis lleva explorando lo que ella llama estrategias de restauración posplantación. La idea no es hacer desaparecer el pasado. Se trata más bien de fijarse en lo que ha dejado en los suelos, en los usos, en las relaciones sociales y en los recuerdos, y luego imaginar otras formas de relacionarnos con el lugar. En Walker’s Dairy, camina, observa, cultiva y trabaja con plantas. Los jardines, las hierbas medicinales y las parcelas vivas se convierten en formas de reflexionar sobre la reparación, el cuidado y los conocimientos transmitidos. Así, su obra le da un nuevo sentido a la plantación: de ser un sistema económico heredado, se convierte en un terreno que hay que reinterpretar, cuestionar y transformar.
Reparar sin borrar
Eso es lo que hace que el enfoque de Davis sea único. No busca convertir una antigua plantación en un escenario patrimonial estático. Trabaja a partir de sus contradicciones. El lugar fue una plantación azucarera y luego una granja lechera; la artista señala que hoy está en transición hacia una actividad relacionada con las energías alternativas. Esta sucesión ya cuenta varias vidas de un mismo territorio. Davis añade otra posibilidad: la de un espacio capaz de conservar las huellas del pasado al tiempo que genera nuevos usos, nuevos conocimientos y nuevas formas de cuidado. La reparación, aquí, no es sinónimo de olvido.
De Barbados a Venecia
Con «Let This Be My Cathedral», presentada en la Bienal de Arte de 2026, esta reflexión cobra una forma especialmente concreta. La instalación incluye, entre otras cosas, un herbario mural formado por plantas cultivadas en su jardín de Barbados, un tejido bordado a mano, dibujos de palmeras en el suelo y una reproducción a tamaño real del zarapito esquimal. El pájaro tiene una historia concreta: el último avistamiento en Barbados data de 1963, el año en que nacióAnnalee Davis, y hoy en día se cree que la especie está extinta. De esta forma, el artista une la memoria ecológica, la historia colonial y la desaparición. Venecia no borra a Barbados: se convierte en el lugar donde un fragmento muy local de su paisaje adquiere un alcance más amplio.
La tierra como archivo, pero también como posibilidad
El retrato deAnnalee Davis cuenta, en definitiva, menos sobre la reconversión de una plantación que sobre una forma diferente de ver la tierra. Un mismo suelo puede albergar la violencia de un sistema, las historias de una familia, plantas medicinales, prácticas agrícolas y obras de arte contemporáneas. Ahí es donde su trabajo se vuelve especialmente caribeño sin pretender hablar en nombre de todo el Caribe: parte de un lugar concreto y asume su complejidad. Si las antiguas plantaciones son archivos del pasado, ¿pueden también convertirse en espacios donde inventar otros futuros?
Annalee Davis es una artista visual, escritora, educadora y organizadora cultural de Barbados. Su trabajo explora, sobre todo, los vínculos entre la historia colonial, la memoria, el territorio, la ecología y el legado de las plantaciones en el Caribe.
Annalee Davis vive y trabaja en Walker’s Dairy, una antigua finca azucarera de Barbados vinculada a su historia familiar. Aprovecha este lugar para reflexionar sobre el legado de la plantación e imaginar nuevas relaciones entre la tierra, la memoria, la creación y la reparación.
«Let This Be My Cathedral» es la instalación que presenta Annalee Davis en la Bienal de Arte de Venecia de 2026. Combina, entre otras cosas, plantas de su jardín de Barbados, tejidos, dibujos de palmeras y memoria ecológica para reflexionar sobre la historia y la transformación de los territorios.