Gerty Archimède hizo historia en 1939 cuando se convirtió en la primera mujer en ser llamada al colegio de abogados de Guadalupe. A menudo conocida como la primera abogada negra de Francia, fue una figura pionera en la emancipación de la mujer, la justicia social y el compromiso político en las Antillas francesas. Nacida el 26 de abril de 1909 en Morne-à-l’Eau, dedicó su vida a defender a las mujeres, los trabajadores y los oprimidos, al tiempo que llevaba la voz de Guadalupe a la escena internacional.
Las raíces de la implicación temprana
Una infancia marcada por la política local
Hija de Justin Archimède, panadero artesano que fue consejero general en 1910 y alcalde de Morne-à-l’Eau de 1912 a 1947, Gerty Archimède creció en un ambiente en el que el debate público y la solidaridad formaban parte de la vida cotidiana. Su madre, Marie-Adélaïde Tamarin, era una moderna telefonista. Al ser la mayor de cinco hermanos, disfrutó de una educación privilegiada en comparación con la mayoría de los guadalupeños de la época, que seguían trabajando en el campo.
Estudios financiados por su trabajo
Tras aprobar el bachillerato a principios de los años 30, soñaba con convertirse en profesora de filosofía. Sin embargo, las limitaciones económicas la obligaron a trabajar en el Banco de Guadalupe para financiar sus estudios de Derecho. Comenzó sus estudios en Martinica antes de ir a la Sorbona de París. En la capital, frecuentó los círculos progresistas y amplió su visión del papel del derecho como herramienta de justicia social.
1939: una entrada histórica en el Colegio de Abogados
En 1939, Gerty Archimède prestó juramento como miembro del Colegio de Abogados de Pointe-à-Pitre. Su admisión supuso un importante punto de inflexión: rompió las barreras de género en una profesión dominada por los hombres y, con su presencia, puso de manifiesto las divisiones raciales aún muy presentes en la sociedad francesa. Por ello, a menudo se hace referencia a ella como “la primera abogada negra de Francia”, aunque esta designación no esté consagrada oficialmente.
Sus dotes oratorias, alimentadas por la literatura y la filosofía, le permitieron poco a poco dejar huella. Su carrera como abogada se convirtió en el trampolín de un compromiso político y social más amplio.
Una voz política para Guadalupe
De la departamentalización a la Asamblea Nacional
En 1944, Gerty Archimède fue elegida consejera general. Dos años más tarde, el 10 de noviembre de 1946, se convirtió en diputada por Guadalupe en la Asamblea Nacional, cargo que ocupó hasta el 4 de julio de 1951 bajo los colores del Partido Comunista Francés. Su elección se produjo en un momento crucial: las mujeres acababan de obtener el derecho al voto en 1944, y la ley de 19 de marzo de 1946 acababa de convertir a Guadalupe en un departamento francés.
En el Palacio Borbón, lucha por la igualdad social entre la Francia metropolitana y la de ultramar, defiende el acceso de las mujeres a las profesiones jurídicas y aboga por la mejora de las condiciones de vida de las poblaciones de ultramar. También es magistrada suplente del Tribunal Superior de Justicia.
Primera mujer miembro del Colegio de Abogados de Guadalupe
Tras su regreso a la abogacía en 1952, Gerty Archimède desarrolló una brillante carrera. En 1967 fue elegida Presidenta del Colegio de Abogados de Guadalupe, cargo que ocupó hasta 1970. Se convirtió así en la primera mujer al frente de la institución, encarnando a la vez el reconocimiento profesional y la modernización de la justicia en el archipiélago.
Luchas feministas y sociales
Unión de Mujeres de Guadalupe
Convencida de que las conquistas sociales requieren una organización colectiva, Gerty Archimède fundó en 1948 la sección guadalupeña de la Unión de Mujeres Francesas. En 1958, esta organización pasó a llamarse Union des femmes guadeloupéennes (UFG). La organización hizo campaña por la introducción de la seguridad social, el acceso a las pensiones y la mejora de las condiciones de vida de las mujeres. Se convirtió en un vehículo esencial para hacer oír la voz de las mujeres guadalupeñas en la sociedad.
Defensor de los trabajadores
En sus alegatos, defendió a los trabajadores, a los sindicalistas y a las poblaciones marginadas. En la Asamblea Nacional, presentó proyectos de ley para promover la igualdad salarial de los trabajadores de los departamentos de ultramar y de la Francia continental. Sus acciones reflejan una convicción profundamente arraigada de que la ley no debe seguir siendo un privilegio, sino estar al servicio de la justicia social.
Ensayos emblemáticos y una perspectiva internacional
El caso de los 16 de Basse-Pointe
En 1951, Gerty Archimède participó en uno de los juicios más importantes de la historia de las Antillas francesas: dieciséis cortadores de caña de Martinica fueron acusados de asesinar a un administrador blanco. Trasladado a Burdeos, el juicio se convirtió en una plataforma contra el colonialismo. Junto a Marcel Manville y Georges Gratiant, abogó por la inocencia de los acusados. Todos fueron absueltos, en una victoria que resonó mucho más allá de Martinica.
Apoyo a Angela Davis
En 1969, intervino para liberar a Angela Davis, activista afroamericana detenida en Guadalupe por las autoridades francesas tras un viaje a Cuba. Gracias a su compromiso, Davis y sus compañeros escaparon a la cárcel. En su autobiografía, Angela Davis rinde homenaje a Gerty Archimèdealabando su valor y determinación.
Un legado duradero
Gerty Archimède murió el 15 de agosto de 1980 en Basse-Terre. Su casa de Basse-Terre se convirtió en museo en 1984 y en 2012 se le concedió el sello “Maison des Illustres”.
Su legado se honra con múltiples homenajes: desde 2006, una calle lleva su nombre en el distrito 12ᵉ de París, la Región de Guadalupe ha proclamado 2019 “Año Gerty Archimède”, y en 2013 fue nominada junto a Paulette Nardal para entrar simbólicamente en el Panteón. Su retrato también figura en exposiciones dedicadas a grandes figuras femeninas, y su papel se enseña en las escuelas de Guadalupe.
Abogada pionera, diputada comprometida, activista feminista y defensora de los trabajadores, Gerty Archimède encarnó una trayectoria excepcional, capaz de unir el bar, el hemiciclo y la calle. Rompió las barreras de su época y abrió nuevas perspectivas a las generaciones futuras. Su nombre sigue siendo sinónimo de valentía, inteligencia y perseverancia, y nos recuerda que la historia de las Antillas Francesas también la escriben quienes rechazaron la injusticia.