Ya estamos a mitad de camino de la serie «Historias del cine caribeño». Los cuatro primeros episodios han recorrido casi tres décadas de cine, desde Cuba en los años 60 hasta las producciones de Martinica y Curaçao de los 80. Esta quinta entrega se adentra en los años 90 con dos películas de universos muy diferentes. «Siméon», de Euzhan Palcy, se sumerge en un imaginario antillano donde se mezclan la música, los fantasmas y el realismo mágico. *L’Homme sur les quais*, de Raoul Peck, repasa la dictadura de François Duvalier en Haití a través de la mirada de una niña.
Estás en el quinto episodio de una serie de diez. Ya se han publicado cuatro episodios anteriores en Richès Karayib y otros cinco completarán esta cronología hasta 2025.
1992: MARTINICA/GUADALUPE - SIMÉON, DE EUZHAN PALCY
Tras sus primeras películas en Hollywood, Euzhan Palcy vuelve a las Antillas con una película basada en el imaginario mágico-religioso caribeño, al estilo de un cuento, y rodada en Guadalupe. En los primeros veinte minutos, el profesor de música Siméon, interpretado majestuosamente por Jean-Claude Duverger, fallece. Al no poder ascender a los cielos, el fantasma de Siméon (al que llaman «el espíritu de la música») se queda junto a sus amigos, que han creado un grupo llamado «Jacaranda» y cuyos miembros son interpretados por el auténtico grupo Kassav’ (con Jacob Desvarieux y Jocelyne Béroard a la cabeza), que inventó el zouk.
Les ayudará a dar a conocer su música entre los productores de París. Contada en parte por la joven Orélie (Lucinda Messager), la trama de esta película nos presenta la capital francesa (reconstruida en estudios) tal y como la imagina una joven de Guadalupe, a modo de imagen idílica, como un «cambio de perspectiva»: ahora es el centro de Francia (y ya no los territorios de ultramar) el que debe verse como una «postal».
Sobre todo, esta peli desarrolla cinematográficamente un realismo maravilloso, una especie de fantasía caribeña en la que los sucesos sobrenaturales se viven sin sorpresa y donde los personajes interactúan con total naturalidad con un fantasma que no ven (a diferencia de la mayoría de las pelis de fantasmas), pero al que oyen (en una clara consagración de la tradición oral). Unos años más tarde, Nord-Plage (2004), la única película dirigida hasta la fecha por un «béké» de las Antillas francesas (descendiente de una familia de esclavistas), con guion de Patrick Chamoiseau (Premio Goncourt 1992), encajará de maravilla en esta corriente que late tímidamente desde las primeras películas del cine antillano. Siméon, ¡entre alegría y originalidad!
1993: HAITÍ – «EL HOMBRE DE LOS MUELLES», DE RAOUL PECK
Definir el cine haitiano es complicado. De hecho, a diferencia de otras cinematografías caribeñas más «estructuradas», como en Cuba o en Jamaica, por ejemplo, o en las que la producción es escasa, como la de Antigua y Barbuda, en Haití se ruedan muchas películas, a veces en condiciones técnicas precarias, y tienen un gran éxito entre la gente a pesar de su carácter semiprofesional.
Se nos ocurren, sobre todo, películas como ¿Tiene el presidente el sida? (2006), con el famoso Jimmy Jean-Louis, que interpretó al «haitiano» en la serie estadounidense Heroes (2006-2010), y Los amores de un zombi (2010), de Arnold Antonin, con la futura directora de Freda (2021), Gessica Généus, un director imprescindible, conocido sobre todo por sus documentales y su empeño en reflejar la realidad cotidiana de Haití.
A menudo se menciona una fecha: el estreno del mediometraje Anita , de Rassoul Labuchin, en 1980. En cuanto a los largometrajes de ficción, L’Homme sur les quais es imprescindible, aunque solo sea por su distribución internacional y la carrera de Raoul Peck: entre otras cosas, la película de ficción Lumumba (2000), los documentales I Am Not Your Negro (2016), sobre el intelectual James Baldwin, y Orwell: 2+2 = 5 (2025) o la serie documental «Acabad con todos esos brutos» (2021), por no hablar de su cargo como director de la prestigiosa escuela de cine FÉMIS (2010-2019).
Seleccionada para la sección oficial del Festival de Cannes, El hombre de los muelles es una película poco habitual en el cine caribeño por su apuesta por numerosos efectos de lentitud, a través de la interpretación de los actores y de muchos movimientos de cámara (desde la primera secuencia), que reflejan la tensión constante que se vivía durante la dictadura de François Duvalier (1957-1971), que, a veces, estalla sin previo aviso en una puesta en escena siempre decididamente sobria.
Contada desde la perspectiva de una niña, hija de un opositor al régimen, y defendida con firmeza por su abuela, interpretada con dignidad por la famosa cantante Toto Bissainthe (que falleció poco después del rodaje), la trama de la película termina con la voz en off de la niña: «justo cuando mi historia deja de ser solo mía y se convierte en la de todos…». Una película imprescindible sobre la dictadura.
Sobre el autor
Guillaume Robillard es doctor en cine, profesor e investigador, director de documentales y especialista en cine y producción artística antillana. Es autor de dos libros: «La conquista del espacio y del tiempo: el cine antillano (Editorial Jannink, «Hypothèses d’Art», 2023) y Un cine descolonial: los personajes del cine antillano (Presses Universitaires des Antilles, «Arts et Esthétique», 2024).
El estreno de «Magma», una película del director francés Cyprien Vial muy inspirada en la erupción de la Soufrière de 1976, que hizo temer la destrucción de la capital, Basse-Terre (Guadalupe), y después de dos películas dirigidas por guadalupeños: Fanon ( Jean-Claude Barny), sobre el famoso intelectual anticolonialista en su etapa argelina, y Zion, en menos de un mes, ha conseguido llamar la atención de los medios franceses (Le Monde, Libération, etc.) sobre el potencial del cine antillano y, en general, de las películas que tratan sobre los territorios de ultramar.