Omara Portuondo, que nació en La Habana en 1930, cumplió 96 años el 29 de octubre de 2026. Su disco «Eternamente Omara» está nominado a los Latin Grammy 2026, cuya entrega se celebra el 12 de noviembre en Las Vegas. Todo empezó en 1945, cuando una adolescente sustituyó a una bailarina en el Tropicana.

Omara Portuondo, entourée de photographies de sa carrière. © Omara Portuondo

En 1945, Omara Portuondo sustituyó a una bailarina en el Tropicana

Una noche de 1945, una bailarina no se presenta en el cabaret Tropicana, en La Habana. Omara Portuondo tiene quince años. Su hermana ya baila en ese cabaret. Ella es tímida, le da vergüenza enseñar las piernas. Su madre insiste y le asegura que algún día, gracias a su arte, representará a su país por todo el mundo. La adolescente sube al escenario. La sustituta de esa noche acaba de debutar y pronto cantará.

Cayo Hueso, un padre que jugaba al béisbol y una madre española

Omara Portuondo Peláez nació el 29 de octubre de 1930 en Cayo Hueso, un barrio de La Habana. Su padre, Bartolo Portuondo, era un jugador de béisbol afrocubano. Su madre viene de una familia española acomodada. Su relación no gusta a nadie, y en la calle tienen que hacerse los desconocidos. En casa, todo cambia. Sus padres cantan a dúo. No tienen tocadiscos, porque no tienen dinero, así que la pequeña aprende las melodías escuchándolas.

La cuerda, el «Cuarteto de Aida» y la despedida de Miami

En los años 40, Omara Portuondo pasó de la danza al canto. Se unió a Loquibambia, un grupo de la cordón, de la palabra inglesa «feeling», junto al pianista ciego Frank Emilio Flynn. Esta corriente de la canción cubana Se nutre del jazz. La llaman «la novia del filin». En 1952, nace el Cuarteto de Aida en torno a la pianista Aida Diestro. Omara canta allí junto a su hermana, Elena Burke y Moraima Secada. Chico O’Farrill se encarga de los arreglos. El cuarteto sale de gira por Estados Unidos y Europa a partir de 1957. En el Tropicana, la joven canta en el escenario junto a Nat King Cole.

Le Cuarteto d’Aida, photographie d’archive. © Omara Portuondo

A principios de los años 60, el cuarteto estaba actuando en Miami cuando estalló la crisis entre Cuba y Estados Unidos. Su hermana se quedó en Florida. Omara volvió a Cuba. En 1967, se lanza en solitario y se va de gira con la orquesta Aragón por Europa Occidental y Oriental. El bailarín Carlos Acosta la describe como una leyenda en Cuba.

Buena Vista Social Club, un dúo con Compay Segundo en 1996

En 1996, en los estudios Egrem de La Habana, Omara Portuondo grabó su propio disco en el mismo edificio que los músicos reunidos por Ry Cooder. Le propusieron cantar «Veinte años» con Compay Segundo. Al principio le sorprendió la idea de hacer un dúo romántico con él. El Buena Vista Social Club no tardó en llevarla a los grandes escenarios. En la película de Wim Wenders, Ibrahim Ferrer se seca una lágrima mientras suena «Silencio». El Carnegie Hall, en Nueva York, la acogió en 1997. En 2000 salió a la venta «Buena Vista Social Club Presents Omara Portuondo».

Los momentos destacados y los premios siguen llegando. En 2019, la Academia Latina de la Grabación le otorgó a Omara Portuondo su premio a la excelencia musical. En 2020, grabó «Mariposas» durante la pandemia. En 2022, con 92 años, canta en el Carnegie Hall junto a Natalia Lafourcade. En 2023, su disco *Vida* se lleva el Grammy Latino al mejor álbum tropical tradicional.

Omara Portuondo avec le trophée Latin Grammy 2023 pour son album Vida. © Omara Portuondo

«Eternamente Omara», un álbum nominado a los Latin Grammy 2026

Hoy, Omara Portuondo canta en «Eternamente Omara», un disco producido por el pianista Roberto Fonseca y grabado en los estudios Ojalá, en La Habana. Cuenta que la idea surgió durante una gira con el grupo de Fonseca. Los artistas invitados se unirán al proyecto a partir de 2024. Silvio Rodríguez canta «Demasiado», Nathy Peluso «Quizás, quizás, quizás», Pablo López «Noche de ronda» y Angélique Kidjo «Guantanamera». El disco está nominado en la misma categoría, junto a Gilberto Santa Rosa, Los Tri-O, Leoni Torres y Dayhan Díaz.

Omara Portuondo avec le vinyle de son album Eternamente Omara. © Omara Portuondo

El 12 de noviembre en Las Vegas, sigue habiendo una duda

La ceremonia, que se retransmitirá en directo por Univision, tendrá lugar el jueves 12 de noviembre de 2026 en el MGM Grand Garden Arena de Las Vegas. En Facebook, Omara Portuondo escribió que, si el disco ganara, se sentiría profundamente satisfecha. También confiesa: «En estos tiempos tan complicados, no sabemos dónde estaremos». Afirma que nunca ha abandonado a su gente, la que la reconoce. También da las gracias a los músicos originales del Buena Vista Social Club. Más de ochenta años después de su primera noche en el Tropicana, la cantante de Cayo Hueso sigue teniendo la escena en el punto de mira. Queda una pregunta: ¿qué voz cantará después de ella este repertorio del filin?

Omara Portuondo en concert, assise sur scène. © Omara Portuondo

Preguntas frecuentes sobre Omara Portuondo

Omara Portuondo tiene 96 años. Nació el 29 de octubre de 1930 en Cayo Hueso, un barrio de La Habana, en Cuba.

Su álbum «Eternamente Omara» está nominado en la categoría de mejor álbum tropical tradicional. El disco lo ha producido Roberto Fonseca.

La ceremonia tendrá lugar el jueves 12 de noviembre de 2026 en el MGM Grand Garden Arena de Las Vegas, en Estados Unidos.

El filín, que viene de la palabra inglesa «feeling», es un estilo de la canción cubana con influencias del jazz. A Omara Portuondo la llaman «la novia del filín».

CARIBE

Lenguas criollas del Caribe latinoamericano

(Cuba, República Dominicana, Panamá y Colombia)

La creolofonía en América Latina es un fenómeno sociolingüístico que, a pesar de su diversidad y riqueza, sigue siendo poco conocido. Sin embargo, en estas otras islas del Caribe, donde la lengua oficial es el español, se hablan varios tipos de criollo, como el haitiano, el inglés, el martiniqués y el guadalupeño, así como el criollo pardo, el palenquero.

El español se está criollizando y los criollos tienden a hispanizarse. Al igual que el spanglish, el fragnol o el portugnol, ¿podría esta fertilización lingüística cruzada marcar la aparición de una nueva lengua: el kreygnol?

Las lenguas criollas nacieron de las continuas migraciones voluntarias y, sobre todo, forzosas que confluyeron en el Caribe durante la época colonial. Son lenguas compuestas”, dice el filósofo Édouard Glissant, “resultado del contacto entre elementos lingüísticos absolutamente heterogéneos: portugués, francés, inglés, indio, chino y, sobre todo, africano. En este sentido, las poblaciones africanas anteriormente esclavizadas fueron las creadoras de la lengua, y sus descendientes son ahora sus principales hablantes.

Gracias al giro multicultural que han experimentado la mayoría de los estados del continente, alrededor del 30% de los latinoamericanos se autodefinen ahora como afrodescendientes. Entre ellos están los criollohablantes, que reivindican con fuerza su identidad caribeña y las lenguas criollas. Entre ellos se encuentran Cuba, la República Dominicana, Panamá y Colombia.

El criollo haitiano en Cuba y la República Dominicana

Las raíces del criollo en Cuba y la República Dominicana se deben principalmente a la migración intracaribeña del pueblo haitiano. Los haitianos han estado presentes en Cuba durante tanto tiempo que numerosos estudios han demostrado la contribución fundamental de la cultura criolla a la formación de la identidad nacional cubana. Tras las revueltas relacionadas con la Guerra de Independencia de Haití (1791-1804), muchos haitianos esclavizados y libres se asentaron en el sureste de Cuba, en la provincia de Guantanamera.

Una región que posteriormente se vería continuamente regada por nuevas oleadas de emigrantes provocadas por las crisis civiles, económicas y medioambientales que sufrió Haití durante el siglo XX y que continúan hasta nuestros días.

Así, a lo largo de varios siglos, los haitianos trajeron consigo sus costumbres y tradiciones: música, religión, filosofía, gastronomía y, en particular, su lengua materna.

Hablado por más de 300.000 personas de origen o ascendencia haitiana, el criollo es la segunda lengua oficial de Cuba, donde el 28 de octubre de cada año se celebra el “Día Internacional del Criollo”. Una cosa es cierta, hoy cada vez más cubanos la aprenden o la comprenden espontáneamente. Aún más interesante es la creación del “patois cubano”, una mezcla de un criollo derivado del español, las lenguas africanas y el criollo haitiano, en el que sorprendentemente abundan las palabras africanas, españolas y francesas.

Desfile haitiano en La Habana, Cuba.

Un fenómeno similar, pero mucho más enfrentado, tiene lugar en la República Dominicana, donde la identidad nacional eurocéntrica se ha construido históricamente sobre la oposición radical a sus vecinos.

Este sentimiento antihaitiano tiene sus raíces en la anexión por Haití de la República Dominicana entre 1822 y 1844, un plan frustrado para unificar “La Española”. A pesar de la considerable resistencia de los isleños hispanohablantes, en 22 años de dominación, la cultura haitiana, tanto francófona como criolla, ha dejado huellas culturales y lingüísticas que sólo se han visto reforzadas por el flujo constante de emigrantes haitianos. Al igual que en Cuba, el criollo es la segunda lengua más hablada en la República Dominicana.

Se oye sobre todo en la zona fronteriza conocida como la Raya, donde, a pesar de los constantes conflictos intracomunitarios, las relaciones amorosas mixtas y la demanda local de mano de obra barata haitiana han favorecido la aparición de un “kreygnol dominicano”.

Criollo antillano en Panamá

La provincia de Colón, en Panamá, alberga una rica cultura criolla importada por pueblos afrocaribeños de habla inglesa y francesa. Entre 1851 y 1920, muchos barbadenses, trinitenses y sobre todo jamaicanos llegaron a esta región, junto con familias enteras de Martinica y Guadalupe, para trabajar en la ardua construcción del ferrocarril interoceánico y luego del Canal de Panamá. Aunque la atención se centra más en la mano de obra masculina negra, las mujeres inmigrantes que llegaron a Panamá sin contrato también realizan un trabajo notable.

Como ilustra el fresco pintado por el artista Martanoemi Noriega en el Museo Afrocaribeño, las mujeres antillanas, las grandes olvidadas de la historia oficial de Panamá, fueron auténticas empresarias.

Trabajaban duro vendiendo frutas y verduras, alimentos criollos y tareas domésticas, creando una importante sinergia económica que les garantizaba cierto grado de independencia. Aunque las condiciones de vida eran precarias y a menudo fatales para estos emigrantes antillanos, Colón es uno de los pocos lugares del Caribe latinoamericano donde convergieron simultáneamente varias culturas criollas.

En la actualidad, alberga la mayor población negra del país, formada por afrocoloniales, es decir, la población afropanameña nacida de la trata transatlántica de esclavos, una considerable población antillana anglófona y una comunidad martinicana y guadalupeña más pequeña y profundamente apegada a sus raíces criollas. Este espacio original, donde convergen el español, el inglés, el francés, el criollo francés y, en particular, el inglés, conocido como “criollo panameño”, es único en su género. Las habilidades lingüísticas de los afrocaribeños de Colón, que pasan de una lengua a otra con gran facilidad, son notables y desconcertantes.

La contribución del pueblo afrocaribeño al desarrollo del país. Fresco del Museo Afrocaribeño pintado por Martanoemi Noriega en Ciudad de Panamá.

Los Criollos del Caribe Colombiano

A pesar del colonialismo lingüístico del español, en el Caribe insular y continental de Colombia se hablan dos lenguas criollas. En el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, frente a Nicaragua, las poblaciones afrocolombianas, conocidas como raizales, hablan un criollo con una base léxica inglesa muy similar a los criollos de Panamá, Nicaragua y Costa Rica. Enfrentados a un vaivén entre la colonización inglesa y la española, los raizales han reivindicado históricamente la importancia de salvaguardar su lengua materna. Esta resistencia ancestral ha prevalecido en este pequeño archipiélago olvidado del Caribe. Desde la década de 1990, el criollo sanandresano es lengua oficial junto con el español, siendo el inglés la tercera lengua de esta población trilingüe.

También en Colombia, a una hora de Cartagena de Indias, el palenquero de San Basilio de Palenque es la única lengua criolla de base española de América.

También incluye palabras del portugués y de las lenguas kongo y kimbundu habladas por los pueblos bantúes de África Central, lo que acerca el palenquero al papiamento de las Antillas Holandesas y al criollo surinamés, el sranan. El relativo aislamiento de esta comunidad ha permitido la conservación de la lengua palenquera, que ha cambiado poco respecto a la hablada por los cimarrones del siglo XVI.

Aprendizaje del criollo palenquero en la comunidad cimarrona de San Basilio de Palenque, Colombia

Al igual que en las Antillas francesas e inglesas, la cultura criolla está latente en el Caribe latinoamericano.

En la compleja historia de la región del Caribe, donde tomaron forma los diversos proyectos coloniales europeos, esta cultura criolla difumina la aparente división entre las naciones caribeñas francófonas, anglófonas e hispanohablantes, mostrándonos en cambio una unidad cultural compartida por sus habitantes.

Además de la música, la gastronomía, la espiritualidad y las fiestas populares como los carnavales, la salvaguarda de las lenguas criollas es sin duda una de las piedras angulares de la identidad caribeña.

Sara Candela