El 20 de octubre de 2026, el Senado aprobó sin modificaciones el proyecto de ley para derogar el Código Negro, con 320 votos a favor y ninguno en contra. Así, el Parlamento da por concluido el examen de un texto presentado por el diputado de Guadalupe Max Mathiasin, 341 años después del edicto de marzo de 1685. Ahora solo queda la promulgación.

El «Código Negro», aprobado por unanimidad en el Senado

El martes 20 de octubre de 2026, los senadores votaron el texto tal y como lo había aprobado la Asamblea Nacional el 28 de mayo. La votación arrojó 320 votos a favor, ninguno en contra y 18 abstenciones, todas ellas del grupo comunista, republicano, ciudadano y ecologista Kanaky. Al no haber modificaciones, el proyecto de ley queda definitivamente aprobado.

Se han rechazado cinco enmiendas sometidas a votación pública, presentadas por los grupos socialista y comunista. Así que el texto sigue siendo el mismo que el de los diputados. La Comisión de Leyes del Senado había aprobado su versión el 14 de octubre, seis días antes de la sesión pública. Su promulgación debe producirse en un plazo máximo de quince días, salvo que se remita al Consejo Constitucional. El ponente del Senado, Louis Vogel, señaló que apenas cabía duda de la derogación implícita del Código Negro. No obstante, consideró justificada una derogación expresa, recogida en la ley.

Max Mathiasin, el origen de un texto procedente de Guadalupe

Todo empieza a principios de mayo de 2025. Max Mathiasin y su compañero Olivier Serva evalúan la magnitud de la reacción de la opinión pública ante la persistencia del Código Negro. Jean-Claude Nelson, noveno vicepresidente de la región de Guadalupe, había llamado la atención del diputado sobre este tema. Los dos representantes deciden pasar a la acción. El proyecto de ley se presenta en la Asamblea Nacional el 16 de septiembre de 2025, con 130 firmantes. La Comisión de Leyes la aprueba por unanimidad el 20 de mayo de 2026. El 21 de mayo, día en que se cumplen 25 años de la Ley Taubira, el Gobierno inicia el procedimiento acelerado. Los diputados la aprueban el 28 de mayo. Max Mathiasin también fue el ponente ante la Comisión de Asuntos Jurídicos de la Asamblea Nacional. Para Max Mathiasin, estos textos seguían estando «en la sombra de nuestro ordenamiento jurídico». Consideraba que había llegado el momento de sacarlos de ahí.

¿Qué significaba el Código Negro de 1685?

El Código Negro es una recopilación de edictos reales promulgados entre 1685 y 1724. Establecía las relaciones entre los amos y las personas esclavizadas en las colonias francesas. También trataba sobre la trata de esclavos. Su texto fundacional data de marzo de 1685. Su título oficial lo dice todo: «Edicto del Rey sobre los esclavos de las islas de América».

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¿Por qué derogar el Código Negro si la esclavitud se abolió ya en 1848?

La Convención abolió la esclavitud por primera vez el 4 de febrero de 1794. Napoleón la restableció. Un decreto del 27 de abril de 1848, impulsado por Victor Schoelcher, la abolió definitivamente. El Código Negro quedó entonces en desuso, sin que se hubiera derogado formalmente nunca. Esa paradoja es la que detallaba nuestro artículo de mayo de 2026 antes de la votación de los diputados. Desde el punto de vista jurídico, la votación del Senado es esencialmente simbólica, ya que el Código Negro ya no tiene ningún efecto. Su importancia radica en lo que la ley afirma a partir de ahora.

Lo que dice la ley más allá de la derogación

El artículo 1 deroga el edicto de marzo de 1685 y todas las disposiciones adoptadas para su aplicación, adaptación o extensión a otros territorios. El artículo 1 bis va más allá. En él, la República Francesa reconoce que los textos que institucionalizaron la reducción de seres humanos a la condición de bienes muebles son indisociables del crimen contra la humanidad. Este crimen es el que la ley Taubira, del 21 de mayo de 2001, reconoció en la trata y la esclavitud.

El artículo 2 prevé que el Gobierno presente un informe al Parlamento en el plazo de un año tras la promulgación. En él se enumerarán las disposiciones derivadas del derecho colonial que sigan vigentes en los territorios de ultramar. Analizará sus consecuencias actuales, sobre todo para los descendientes de las personas que fueron esclavizadas. Evaluará el lugar que ocupan la historia de la esclavitud, la trata de esclavos y su abolición en los planes de estudios. Por último, propondrá potenciar los lugares de memoria y la investigación histórica.

Tras la derogación, la transmisión

Así pues, el Código Negro deja de formar parte del derecho francés, pero su historia sigue esperando a ser contada. Dentro de un año tras su promulgación, el informe dirá qué vestigios del derecho colonial persisten en los territorios de ultramar. También dirá qué lugar le da la escuela a la esclavitud, a la trata de esclavos y a su abolición. Queda por ver qué hará el Parlamento con estas propuestas y qué aprenderán los alumnos de todo esto.

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Preguntas frecuentes sobre el Código Negro

El Parlamento aprobó definitivamente la derogación del Código Negro el 20 de octubre de 2026. La ley aún tiene que promulgarse, en un plazo máximo de quince días, salvo que se remita al Consejo Constitucional.

No. Quedó en desuso con la abolición definitiva de la esclavitud mediante el decreto del 27 de abril de 1848, pero nunca se derogó formalmente.

Deroga el edicto de marzo de 1685 y las disposiciones adoptadas para su aplicación. Vincula estos textos al delito contra la humanidad reconocido por la ley Taubira de 2001. Por último, pide al Gobierno que presente un informe, en el plazo de un año desde su promulgación, sobre la legislación colonial que sigue vigente.

La decisión se firmó en Brasilia, pero sus efectos se notarán a orillas delOyapock. El miércoles 1 de julio de 2026, Francia y Brasil aprobaron una hoja de ruta destinada a reforzar su cooperación en la frontera de la Guayana Francesa. El texto prevé, entre otras cosas, la suspensión de la obligación de visado para estancias cortas para los ciudadanos brasileños que quieran viajar a la Guayana Francesa, a partir del 31 de julio.

Sobre el papel, se trata de una medida administrativa. En realidad, toca un tema más delicado: el de una frontera que los habitantes llevan mucho tiempo viviendo como cercana, pero que se complica por las normas. Para muchos brasileños de Amapá, entrar en Guayana suponía hasta ahora un trámite engorroso, a pesar de que existen vínculos familiares, comerciales y sociales a ambos lados del río.

Una anomalía difícil de justificar

El anuncio sobre Francia y Brasil viene a corregir una situación que a menudo se ha calificado de injusta. Los ciudadanos brasileños podían viajar a Francia continental sin visado de corta duración, pero tenían que solicitar uno para entrar en la Guayana Francesa, un territorio francés situado, sin embargo, justo en su frontera. Esta diferencia de trato generaba un sentimiento de incomprensión, a veces incluso de discriminación.

La Guayana no forma parte del espacio Schengen, lo que explica en parte este régimen especial. Pero sobre el terreno, la explicación jurídica ya no bastaba. Tanto en Saint-Georges-de-l’Oyapock como en Oiapoque, la frontera no es solo una línea diplomática. Da forma a las vidas, los desplazamientos, los mercados, las familias y las costumbres de siempre.

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Una frontera humana y estratégica

Francia comparte con Brasil su frontera terrestre más larga: unos 730 kilómetros entre la Guayana Francesa y el estado de Amapá, en pleno corazón de la Amazonía. Esta realidad geográfica le da al acuerdo una importancia especial. Francia no es solo un actor europeo frente a Brasil. A través de la Guayana Francesa, también es un vecino sudamericano, amazónico y caribeño.

La suspensión del visado de corta estancia no solo afecta a la movilidad turística. Puede facilitar los intercambios, acercar a los habitantes, apoyar a ciertos comercios y aliviar una barrera que pesaba sobre todo en las poblaciones fronterizas. Además, reconoce que no se puede pensar en la Guayana solo desde París o Brasilia, sino desde su propio espacio regional.

Seguridad, narcotráfico y medio ambiente

Esta apertura no significa que no haya control. La hoja de ruta firmada en Brasilia también tiene como objetivo reforzar la cooperación contra el narcotráfico, la extracción ilegal de oro y los delitos medioambientales. Estos son retos importantes en una zona forestal difícil de vigilar, donde operan redes criminales, circulan flujos de oro ilegal y se ejercen fuertes presiones sobre la Amazonía.

Así pues, la medida supone un delicado equilibrio: facilitar la circulación legal y, al mismo tiempo, reforzar la lucha contra el tráfico ilícito. Para las autoridades francesas y brasileñas, el reto será demostrar que la flexibilización de los visados no pone en peligro la seguridad, sino que, por el contrario, forma parte de una cooperación más eficaz, mejor coordinada y más respetuosa con las realidades locales.

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Una novedad que hay que seguir de cerca

Hay que ser precisos: no se trata de una supresión general y definitiva anunciada sin condiciones. La medida se refiere a la suspensión de la obligación de visado de corta duración para los ciudadanos brasileños que entren en la Guayana Francesa. Por lo tanto, las normas relativas a la duración, los controles y la entrada en el territorio siguen siendo importantes.

Es más que un acuerdo diplomático entre Francia y Brasil. Demuestra cómo una decisión administrativa puede convertirse en un símbolo de dignidad, reconocimiento y cooperación regional. En Oyapock, la suspensión del visado de corta duración abre una nueva etapa. Por sí sola no va a resolver las tensiones fronterizas, pero puede corregir una anomalía y obligar a los dos países a ver a la Guayana como un auténtico cruce de caminos entre la Amazonía, el Caribe y Sudamérica.

Siempre y cuando, eso sí, esta apertura vaya acompañada de medidas concretas: presencia administrativa, información clara para los viajeros, cooperación policial duradera y diálogo con los representantes locales. Sin eso, el anuncio de Francia y Brasil podría quedarse en algo simbólico. Con un seguimiento serio, puede suponer un cambio tangible para quienes viven la frontera cada día, y no solo en los comunicados de las capitales, sino cerca de los propios vecinos afectados.

El acuerdo entre Francia y Brasil, firmado el 1 de julio de 2026 en Brasilia, prevé una mayor cooperación entre ambos países en la frontera con la Guayana Francesa. Se centra, sobre todo, en la lucha contra el narcotráfico, la minería ilegal de oro y los delitos medioambientales. También prevé la suspensión de la obligación de visado para estancias cortas para los ciudadanos brasileños que quieran viajar a la Guayana a partir del 31 de julio.

La suspensión del visado de corta duración es importante porque corrige una situación que durante mucho tiempo se ha considerado una anomalía fronteriza. Los ciudadanos brasileños podían viajar a la Francia continental sin visado de corta duración, pero tenían que solicitar uno para entrar en la Guayana Francesa, a pesar de que está justo en la frontera con Amapá. Así que esta medida puede facilitar los vínculos familiares, comerciales y sociales entre los dos territorios.

No. La suspensión se refiere a la obligación de visado de corta duración para los ciudadanos brasileños que viajen a la Guayana Francesa, pero no suprime los controles fronterizos. Los viajeros seguirán teniendo que cumplir con las condiciones de entrada, la duración autorizada de la estancia y las normas vigentes en el territorio de la Guayana Francesa. La medida tiene como objetivo facilitar la circulación legal sin dejar de mantener la cooperación en materia de seguridad entre Francia y Brasil.