La cooperación África-Caribe entra en una nueva era. La visita oficial a Santa Lucía del Presidente de Nigeria, Bola Ahmed Tinubu, es algo más que un acercamiento diplomático simbólico: encarna la ambición estratégica de unir África Occidental y el Caribe de forma duradera en torno a intereses compartidos, un patrimonio común y un futuro concertado.
En un contexto mundial incierto, en el que los bloques geoeconómicos chocan a través de alianzas intercontinentales, los inicios de un eje estructurado afrocaribeño representan mucho más que una señal política. Podría redefinir los contornos de la diplomacia Sur-Sur.
De un pasado doloroso a una fraternidad proactiva
La historia teje a menudo los hilos invisibles de las conexiones geopolíticas. En Santa Lucía, como en muchas otras islas del Caribe, los archivos coloniales de 1815 revelan que casi un tercio de los esclavos africanos deportados procedían del Golfo de Benín, región que ahora comparten Nigeria y sus vecinos.
Estas raíces comunes, plantadas en el suelo fértil de una dolorosa memoria colectiva, brotan ahora en forma de colaboración educativa, artística, culinaria y diplomática. Así pues, la cooperación afrocaribeña tiene sus raíces en el reconocimiento de un destino compartido, hecho de deportación, supervivencia y ahora reconstrucción.
Este reconocimiento se vio reforzado por una decisión histórica: en 2003, la Unión Africana reconoció oficialmente a la diáspora mundial como “Sexta Región” del continente. Fue un gran avance político, que durante mucho tiempo permaneció teórico, pero que ahora la visita del presidente Tinubu está ayudando a reactivar e institucionalizar.
Una visita presidencial con tintes fundacionales
Recibido en Castries con honores militares y acompañado por una nutrida delegación, el presidente nigeriano pronunció un discurso ante el Parlamento de Santa Lucía, en el que saludó la unidad de los pueblos afrodescendientes y anunció una serie de medidas concretas. Tres anuncios destacaron especialmente: la creación de embajadas cruzadas entre Nigeria y Santa Lucía, la concesión de becas universitarias a estudiantes de la OECO (Organización de Estados del Caribe Oriental) y la exención recíproca de visados diplomáticos.
En seis ocasiones, el presidente Tinubu mencionó en su discurso a “Santa Lucía” como punto de partida de un “puente atlántico”, reviviendo los ideales panafricanos expresados ya en 1998 por Nelson Mandela durante su propia visita a la isla.
Pero el Presidente Tinubu está haciendo algo más que rendir homenaje al pasado. Como un arquitecto de la diplomacia afrocaribeña, está volviendo a trazar los planos de la cooperación África-Caribe basada en la circulación del conocimiento, la integración de los mercados y el fortalecimiento de las conexiones físicas y digitales entre las dos orillas.
Educación, capital humano e innovación azul
En el centro de la cooperación África-Caribe se encuentra la educación de las generaciones más jóvenes. El memorando de entendimiento firmado entre la Universidad de Ibadán, una de las más prestigiosas de Nigeria, y el Sir Arthur Lewis Community College de Santa Lucía tiene como objetivo duplicar los intercambios de estudiantes en los próximos cinco años, con programas conjuntos en ciencia del clima, gestión sostenible de los recursos y economía azul.
A través de esta iniciativa, la cooperación África-Caribe se materializa en aulas compartidas, publicaciones científicas en coautoría y talentos formados a ambos lados del Atlántico.
El reto educativo va más allá del marco universitario. Forma parte de un enfoque más amplio de la transferencia de competencias, con el objetivo de reforzar las capacidades institucionales locales, apoyar a los jóvenes empresarios caribeños y africanos y construir ecosistemas de innovación resistentes. Uno de los objetivos de la cooperación África-Caribe es desarrollar “zonas de formación integradas” en ambos continentes, con el apoyo de una financiación mixta público-privada.
Comercio, inversión y corredores económicos
El comercio entre África y el Caribe, estimado en menos de 500 millones de USD en 2023, podría superar los 1.800 millones de USD en 2028, según el Centro de Comercio Internacional, siempre que se eliminen los obstáculos logísticos y normativos. Nigeria, primera potencia económica del continente africano, con más de 234 millones de habitantes, ve en la CARICOM (PIB combinado de 130.000 millones USD) un mercado natural que conquistar mediante empresas conjuntas en los sectores de la agroindustria, las energías renovables y los servicios digitales.
La cooperación África-Caribe adopta la forma de un corredor económico transatlántico, apoyado por el ACTIF (Foro de Comercio e Inversión África-Caribe), donde inversores, gobiernos y PYME pueden co-construir proyectos de alto valor añadido.
Por su parte, Santa Lucía aspira a convertirse en un centro de transbordo para los flujos logísticos entre América Latina, el Caribe anglófono y África. Se prevén inversiones en sus infraestructuras portuarias y digitales para apoyar esta estrategia.
Conectividad aérea y diplomacia del transporte
Pero la cooperación África-Caribe quedaría incompleta sin resolver uno de los principales obstáculos: la falta de vuelos directos. Hoy en día, un viaje entre Lagos y Castries puede durar hasta 30 horas, con varias escalas intercontinentales. La cooperación África-Caribe debe romper esta barrera logística.
Hay conversaciones en curso entre Air Peace (Nigeria) y Caribbean Airlines para establecer una ruta semanal Lagos-Barbados-Castries, con el apoyo de incentivos fiscales y un mecanismo triangular de código compartido, que incluya Recife (Brasil) como punto de conexión Sur-Sur.
Este enlace, si llegara a realizarse, sería algo más que un vuelo más: encarnaría la transición del simbolismo diplomático a la fluidez económica, permitiendo a estudiantes, empresarios, artistas e inversores cruzar el Atlántico con rapidez y regularidad.
Desafíos estructurales y equilibrio geopolítico
Cualquier proyecto de esta envergadura se enfrenta a obstáculos. La desproporción demográfica y económica entre Nigeria y Santa Lucía -234 millones frente a 180.000 habitantes- hace temer un desequilibrio estructural. Para evitar una relación asimétrica, la cooperación África-Caribe debe basarse en instituciones multilaterales como CARICOM y CEDEAO, que permiten poner en común los recursos, alinear las normas comerciales y proteger las pequeñas economías insulares.
La inversión en infraestructuras logísticas, la seguridad jurídica de los contratos y la gobernanza de los proyectos conjuntos también serán decisivas para generar confianza entre los socios y atraer a los donantes internacionales.
Un ámbito multilateral: de las islas a los BRICS+.
Más allá del marco bilateral, la presencia del presidente Tinubu en la cumbre de los BRICS+, celebrada en Río de Janeiro los días 6 y 7 de julio, es testimonio de que esta cooperación África-Caribe forma parte de una agenda global. Nigeria tiene la intención de defender una voz común para los países del Sur, especialmente en la cuestión del alivio de la deuda climática de los pequeños Estados insulares, la reforma de la arquitectura financiera mundial y la regulación del comercio en monedas locales.
Al posicionarse como puente diplomático entre África, América Latina y el Caribe, Santa Lucía se sitúa en el centro de un tablero geoeconómico más amplio.