Derogación del Código negro: el texto débil que aún duele

Code noir

Derogación del Código Negro: tras esta fórmula jurídica se esconde una cuestión mucho más profunda que la votación de un texto antiguo. El 20 de mayo de 2026, la Comisión de Derecho de la Asamblea Nacional adoptó la propuesta presentada por Max Mathiasin, diputado por Guadalupe. El texto se examinará en sesión pública el 28 de mayo de 2026. El objetivo no es abolir por segunda vez la esclavitud, abolida definitivamente en 1848, sino eliminar expresamente del ordenamiento jurídico francés un texto que organizaba la esclavitud en las colonias francesas.

Antes de la derogación, comprender el Código Noir

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El Código Negro no es simplemente un documento polvoriento reservado a los historiadores del derecho. Se refiere ante todo al real decreto de marzo de 1685 sobre los esclavos en las islas americanas, y después a todos los textos que lo ampliaron, sobre todo en 1723 y 1724.

La Bibliothèque nationale de France la presenta como una ley sobre las relaciones entre amos y esclavos en las colonias francesas de América.

Este texto no inventó la esclavitud colonial.

Pero le dio un marco legal. Proporcionó un marco para las condiciones de las personas esclavizadas, impuso la religión, el trabajo, la familia, las penas, las relaciones con los amos y la vida cotidiana en las plantaciones.

En otras palabras, el Código Negro hizo administrable la esclavitud.

Transformó la violencia económica y social en un sistema regido por la ley real.

Por eso la derogación del Código Negro no puede leerse como una simple operación técnica.

Se refiere a la forma en que un Estado considera los textos que ha producido, incluso cuando estos textos ya no rigen la vida actual.

El Comité national pour la mémoire et l’histoire de l’esclavage (Comité nacional para la memoria y la historia de la esclavitud) señala que, durante más de siglo y medio, este cuerpo legal organizó la sociedad esclavista en las colonias francesas del Caribe, el océano Índico y Luisiana.

Un texto sin efecto, pero no sin peso

Desde su abolición en 1848, el Código Noir ya no tiene ningún efecto jurídico. Ninguno de sus artículos puede aplicarse hoy en día. El peligro sería, por tanto, dar la impresión de que aún existe como norma activa. Esto no es así. La cuestión es otra: la Ordenanza de 1685 y los textos que la prorrogaron no fueron derogados expresamente en los términos que contempla la propuesta actual.

Es esta paradoja la que da fuerza a la actualidad. Un texto puede estar jurídicamente muerto y seguir teniendo un gran peso simbólico. Puede que ya no produzca derecho, pero su presencia en la historia jurídica del país sigue hiriendo. En el 25 aniversario de la ley Taubira, el Elíseo apoyó su derogación, afirmando que no se trataba de borrar la historia, sino de afirmar claramente que la ley era contraria a la igualdad de dignidad humana.

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¿Por qué es relevante esta noticia para las Antillas Francesas y la Guayana Francesa?

Las raíces se encuentran en Guadalupe, Martinica, Guayana Francesa y La Reunión, pero también en las familias que aún conservan las huellas de una historia transmitida, a veces sin archivos, a veces sin palabras.

El Código Negro no es una abstracción para estos territorios. Hace referencia a nombres impuestos, linajes cortados, viviendas, registros y cuentas familiares incompletas. Es un recordatorio de que la esclavitud no fue sólo una explotación de los cuerpos. También fue una fabricación de estatus, silencios y desigualdades a lo largo del tiempo.

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El hecho de que esta propuesta fuera presentada por Max Mathiasin, diputado por Guadalupe, no es un detalle. La Comisión de Derecho adoptó el texto por unanimidad, después de que su autor lo presentara como un hito más para la memoria de la esclavitud. Una voz de los territorios franceses de ultramar lleva así al Parlamento una reivindicación que va más allá de lo simbólico: nombrar, eliminar, transmitir.

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Lo que la derogación puede abrir realmente

La derogación del Código Negro por sí sola no remedia la violencia dela esclavitud. No resuelve la cuestión de las reparaciones, que Max Mathiasin no quiso incluir en el texto para no desdibujar su mensaje. Pero puede abrir un campo más concreto: la educación, los archivos y los lugares de memoria.

El texto sometido a examen prevé la presentación de un informe al Parlamento. Tendrá que abarcar las disposiciones derivadas del derecho colonial, así como el lugar que se concede a la historia de la esclavitud, la trata de esclavos y su abolición en los programas escolares. La comisión también añadió elementos sobre los lugares conmemorativos y la investigación histórica.

No basta con eliminar el texto. Todavía tenemos que explicar qué permitió, cómo configuró las sociedades coloniales, por qué todavía se recuerdan sus efectos y cómo las generaciones más jóvenes pueden conocer esta historia sin que quede reducida a una fecha conmemorativa.

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Elimina el texto, mantén abierta la memoria

La derogación del Código Noir no cierra el libro de la historia. Al contrario, la obliga a volver a la escena pública con mayor claridad. Derogar no significa olvidar. Significa eliminar oficialmente de la legislación francesa un texto que dio forma jurídica a la esclavitud, dejando a historiadores, profesores, museos y familias la responsabilidad de transmitirla.

Para las Antillas Francesas, la Guayana Francesa y los demás territorios afectados, la apuesta es doble: obtener un acto oficial, pero negarse a que este acto se convierta en un fin en sí mismo. Tras la Abrogación del Código Negro, la verdadera cuestión sigue siendo: ¿cómo enseñar esta historia sin suavizarla, sin congelarla y sin dejar que las generaciones futuras sólo la descubran a golpe de noticia parlamentaria?

La derogación del Código Negro significa la retirada formal de este texto del ordenamiento jurídico francés. El Code Noir no tiene efectos jurídicos desde la abolición definitiva de la esclavitud en 1848, pero no ha sido derogado expresamente. Por tanto, este paso no modifica la vida jurídica actual de los ciudadanos, pero tiene un fuerte valor conmemorativo. Marca la voluntad de retirar oficialmente un texto que organizó la esclavitud colonial en las antiguas colonias francesas.

La derogación del Código Negro afecta directamente a los territorios herederos de la esclavitud colonial francesa, en particular Guadalupe, Martinica, Guayana Francesa y Reunión. En estos territorios, el Código Negro está vinculado a una historia familiar, social y de la memoria que sigue siendo delicada: nombres impuestos, archivos incompletos, sociedades de plantación, jerarquías coloniales y una transmisión a veces difícil. Para las Antillas Francesas y Guayana, esta derogación no es sólo un acto jurídico. Se trata de reconocer una historia que lleva mucho tiempo escrita en textos, lugares y memorias.

No, la derogación del Código Negro no borra la historia de la esclavitud. Al contrario, puede reforzar la necesidad de enseñarla mejor, de documentarla mejor y de transmitirla mejor. Derogar un texto no significa eliminarlo de los archivos o de las obras históricas. Significa que el Estado reconoce oficialmente que ese texto, que dio forma jurídica a la esclavitud, ya no tiene cabida en el orden simbólico del derecho. El siguiente reto es mantener viva esta memoria en las escuelas, los museos, los centros de investigación y las familias.

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