En Fort-de-France, un pecio no tiene por qué salir a la superficie para contar algo. A veces basta con una foto, un objeto o un testimonio. Durante las Jornadas Europeas de Arqueología, Martinica eligió el mar como puerta de entrada a su historia. En los jardines y espacios de la Dirección de Asuntos Culturales, la exposición «Inmersión en el azul, donde duermen los pecios» ha permitido descubrir un patrimonio a menudo invisible: el que yace bajo el agua.
Las Jornadas Europeas de Arqueología vistas desde Martinica
Las Jornadas Europeas de Arqueología se celebraron los días 12, 13 y 14 de junio de 2026. En Martinica, este evento tuvo un toque especial. No se trataba solo de hablar de excavaciones, yacimientos o conservación. Se trataba de recordar que la isla también guarda parte de su historia en sus fondos marinos, sus bahías, sus playas y su arena.
La Dirección de Asuntos Culturales ha puesto el mar en el centro de esta edición local. Esta elección se hacía eco del 60.º aniversario del DRASSM, el Departamento de Investigaciones Arqueológicas Subacuáticas y Submarinas, creado en 1966. En torno a esta temática, los visitantes pudieron ver imágenes de pecios, objetos encontrados y el trabajo de quienes conservan estos vestigios.
Jean-Sébastien France, una pasión que nació en 1991
Jean-Sébastien France tiene un papel clave. Aunque es presidente de la Asociación para la Investigación y la Valorización del Patrimonio Arqueológico Submarino de Martinica, no se presenta como arqueólogo. Habla, ante todo, como alguien a quien le marcó un encuentro. En 1991, en el sur de Martinica, participó en el descubrimiento de un yacimiento arqueológico submarino. Bajo el agua, ve anclas, cañones, objetos que el tiempo ha depositado allí. Ese día, dice, «la historia lo atravesó». La arqueología submarina suele empezar con una emoción antes de convertirse en investigación.
La asociación que preside se fundó en 2017. Hoy en día cuenta con unos veinte miembros. Su objetivo es claro: poner en valor un patrimonio que durante mucho tiempo ha estado poco dado a conocer y sensibilizar a los martiniqueses sobre esta memoria que les pertenece.
Restos de naufragios, pero sobre todo recuerdos
La frase más impactante de la entrevista se resume en unas pocas palabras: «El mar no solo guarda pecios, sino también recuerdos». Un pecio no es solo un resto de metal o madera. Es un rastro de un paso, de un viaje, de comercio, de guerra y, a veces, de tragedia. Un objeto encontrado bajo el mar siempre plantea preguntas. ¿Quién lo fabricó? ¿A qué barco pertenecía? ¿De dónde venía? ¿Quién lo perdió? ¿Hubo desaparecidos? Los buceadores aficionados, los fotógrafos y las asociaciones pueden despertar esa curiosidad. Los arqueólogos aportan luego el método, los archivos, las mediciones y el rigor científico.
Durante las Jornadas Europeas de Arqueología, este diálogo entre la emoción y la ciencia encontró un espacio público. Los visitantes no podían bajar ellos mismos a la bahía de Fort-de-France ni a la rada de Saint-Pierre. Pero podían contemplar esos fondos marinos de otra manera, gracias a las imágenes y los objetos expuestos.
La mirada del fotógrafo Jacques-Yves Imbert
La exposición le debe mucho a la fotografía. El fotógrafo Jacques-Yves Imbert es uno de esos ojos que permiten al público en general acercarse a un mundo de difícil acceso. En la arqueología subacuática, la imagen documenta, transmite y deja huella.
Jean-Sébastien France nos lo recuerda: en el mar nada permanece inmutable. La sal, las corrientes, el oleaje, la arena y el coral transforman los pecios. Algunos acabarán desapareciendo. Las fotografías se convierten entonces en testigos para las generaciones futuras. También permiten que el patrimonio sea accesible para quienes no bucean.
El Sikorsky S43B, una historia entre islas
Entre las historias más impactantes, la del Sikorsky S43B da forma concreta a esa memoria sumergida. Este hidroavión transportaba pasajeros entre las islas. Durante un amerizaje en la bahía de Fort-de-France, el mar estaba agitado. La aeronave se desestabilizó, tocó el agua y volcó. Hoy, los restos yacen boca abajo en el fondo de la bahía.
Hay que tener cuidado en este lugar. El fondo es fangoso. Un movimiento demasiado brusco puede enturbiar el agua y reducir la visibilidad. Una imagen fotogramétrica ha permitido reconstruir el hidroavión en 3D a partir de varios cientos de fotos. Aquí, la tecnología ayuda a comprender sin causar daños.
Jornadas Europeas de Arqueología: un patrimonio para la cultura y el turismo
Las Jornadas Europeas de Arqueología también nos recuerdan otra cosa: el turismo en Martinica puede enriquecerse con historias patrimoniales más profundas. Martinica no se cuenta solo a través de sus playas, sus jardines, sus destilerías o sus colinas. También se cuenta a través de sus pecios, sus rutas marítimas, sus vestigios bajo la arena, sus huellas amerindias y las memorias relacionadas con la esclavitud.
Pero este patrimonio impone una regla. No se toca. No se saca nada. Los objetos pertenecen a nuestra historia común. Quizá esa sea la mejor lección que nos han dejado estas Jornadas Europeas de Arqueología: aprender a mirar el mar de otra manera, no como un simple decorado, sino como una frágil biblioteca de Martinica.
Las Jornadas Europeas de Arqueología son un evento dedicado al descubrimiento del patrimonio arqueológico. En Martinica, la edición de 2026 se centró en el mar, los pecios, los objetos encontrados bajo el agua y los vestigios patrimoniales conservados en el fondo marino. El evento permitió al público comprender mejor una parte de la historia de Martinica que suele pasar desapercibida, situada bajo el mar, en las bahías, en las playas y bajo la arena.
La arqueología subacuática es importante para Martinica porque nos descubre fragmentos de historia que no se ven desde tierra. Los pecios, las anclas, los cañones, los objetos antiguos o los restos sumergidos nos hablan de las rutas marítimas, los naufragios, los intercambios entre las islas y los vínculos de Martinica con el Caribe. Este patrimonio es frágil, ya que la sal, la arena, el oleaje y el coral pueden transformarlo poco a poco o hacer que desaparezca.
La ARVPAM, presidida por Jean-Sébastien France, trabaja para dar a conocer el patrimonio arqueológico submarino de Martinica. La asociación sirve de enlace entre buceadores, fotógrafos, instituciones, arqueólogos y el público en general. Su función es sensibilizar a los martinicanos sobre este patrimonio submarino, poner en valor los objetos y los pecios, pero también recordar que este patrimonio debe protegerse, estudiarse y transmitirse respetando las normas científicas.