Con este tercer episodio, «Historias del cine caribeño» se adentra en los años 80. Las dos primeras entregas nos han llevado por Cuba, Jamaica, Trinidad y Tobago y Guadalupe, desde los años 60 hasta el surgimiento del cine antillano. Esta vez, dos películas rodadas el mismo año toman caminos totalmente diferentes. En Jamaica, *Los hijos de Babilonia* explora las relaciones amorosas, sexuales y raciales con una libertad poco habitual. En Guadalupe, *Vivir libre o morir* recorre varios siglos de historia en torno a la memoria del comandante Ignace.
Este artículo es la tercera entrega de una serie de diez. Ya se han publicado dos entregas anteriores y le seguirán otras siete en esta cronología del cine caribeño.
1980: JAMAICA – LOS HIJOS DE BABILONIA (CHILDREN OF BABYLON), DE LENNIE LITTLE-WHITE
Esta peli es un caso aparte en el cine jamaicano y, en general, en el panorama cinematográfico caribeño. Lejos de la miseria social de los guetos de Kingston, en una villa en el campo (con piscina, champán y un bufé gourmet), seguimos las aventuras de Rick y Penny, un hombre negro y una mujer blanca, entre charlas sobre arte (él es pintor) y sexualidad (ella está haciendo una investigación sobre este tema entre las mujeres del campo, a las que nunca ves en pantalla).
La película está construida como una historia a puerta cerrada: un único lugar y un tiempo que se va contando en un calendario. Los dos protagonistas vivirán una pasión amorosa marcada por varias relaciones sexuales, en paralelo a las de una empleada doméstica extrañamente callada y a las de Luke, un matón rasta, que se encargan del mantenimiento de la villa. Esta película se inscribe en la libertad de tono del auge del cine erótico, así como en la apertura de las salas de cine pornográfico de los años 70.
Aun así, destaca entre las películas caribeñas, donde la representación del acto sexual sigue siendo poco habitual, ya que a menudo se da prioridad a los preliminares (los besos, sobre todo) o al momento posterior, y la desnudez es casi siempre parcial, al menos en las primeras décadas de estas cinematografías. Aquí, en cambio, la desnudez es total, sobre todo con un toque de humor, en una secuencia en la playa donde, mientras se bañan desnudos, la pareja se queda un rato sin ropa, ya que unos niños traviesos se la han robado.
Dos tríos «amorosos» complicarán la trama, todo ello bajo la mirada intrigada de los empleados: Rick con Penny y otra mujer blanca, una situación que hará que la pareja se rompa, y luego Penny con Luke, el rasta que trabaja para Rick.
Como ya habrás entendido, a la cuestión sexual se suma una sorprendente libertad a la hora de hablar de las parejas mestizas («parejas dominó», como se dice en Guadalupe y Martinica), en una sexualidad liberada de la dramaturgia del pasado colonial. Una superación que otros cines caribeños aún no han logrado, sobre todo el de Guadalupe y el de Martinica, donde todavía impera cierta recato.
1980: GUADALUPE – VIVIR LIBRE O MORIR, DE CHRISTIAN LARA
Vivir libre o morir es una de las cuatro películas que Christian Lara rodó en apenas dos años. En este juicio atemporal, se sientan en el banquillo personajes de diferentes épocas históricas, como Cristóbal Colón, Victor Schoelcher, Pèdre (uno de los primeros esclavos rebeldes de Guadalupe) o el general napoleónico Richepanse, para decidir si hay que recuperar o no la memoria del comandante Ignace.
Este debate hace referencia a la «guerra de Guadalupe» de 1802, es decir, tres semanas de combates entre las tropas napoleónicas, que habían venido a restablecer la esclavitud tras la primera abolición de 1794 impulsada por la Primera República, y los que se resistieron a que se volviera a instaurar la esclavitud, es decir, además de Ignace, el famoso coronel Delgrès, la mulata Solitude (a la que incluso se pensó por un tiempo en incluir en el Panteón) y Marthe-Rose.
La contundente intervención de esta última en el estrado pone claramente de relieve el importante papel de las mujeres en esta resistencia. El recurso narrativo que se usa revela una característica importante del cine antillano: el pasado está irremediablemente en el presente, el presente se conjuga (casi) siempre en pasado, en un tiempo circular o «en espiral» que se diferencia del tiempo lineal occidental (la famosa línea de tiempo).
El director, nieto del primer historiador negro de Guadalupe, Oruno Lara (con La Guadeloupe dans l’Histoire en 1921), volverá a abordar este acontecimiento histórico en Sucre amer (1998), un remake no oficial de «Vivre libre ou mourir» (de nuevo con el excelente actor Robert Liensol, que ya había actuado en Coco la Fleur, candidato), y la recreación histórica 1802, la epopeya de Guadalupe (2002), que pondrá en primer plano al personaje de la mulata Solitude en una sorprendente secuencia de batalla junto al río en la que solo se enfrentan mujeres guadalupeñas a los soldados napoleónicos. Christian Lara ha convertido este periodo de la historia en el hito temporal más importante (hasta la fecha) del cine guadalupeño.
Sobre el autor
Guillaume Robillard es doctor en cine, profesor e investigador, director de documentales y especialista en cine y producción artística antillana. Es autor de dos libros: «La conquista del espacio y del tiempo: el cine antillano (Editorial Jannink, «Hypothèses d’Art», 2023) y Un cine descolonial: los personajes del cine antillano (Presses Universitaires des Antilles, «Arts et Esthétique», 2024).