Hay voces que atraviesan generaciones, llevadas por el viento, el mar y la memoria. Patrick Lamon, presidente de la asociación Yole Net 2000 de Le Marin, es una de ellas. No aprendió el yole, nació en él. Igual que se hereda un nombre, una lengua, una narrativa colectiva. Su historia no empieza sobre las olas, sino en una fila de marineros donde cada gesto, cada vela izada, habla de un pasado arraigado en la madera y la sal.
Un nombre lejano, entre el árbol del caucho y el boliche
Para la familia Lamon, el mar es tanto una tradición como una forma de vida. El abuelo solía hacerse a la mar en una gomera, tallada en el tronco de un árbol. El padre, Didier Lamon, hizo historia al convertirse en el primer ganador del Tour oficial de la Martinica en 1985. En cuanto a Patrick Lamon, observa en silencio, como un niño atento, antes de subir a bordo una vez terminada la pesca.
“Cogíamos el esquife y zarpábamos. Así era”.
El yawl no nació para competir, sino para sobrevivir. Es el resultado de una adaptación: cuando el gomón se volvió demasiado inestable, los marineros se replantearon su forma. Esta transformación dio lugar al yawl de Martinica, una embarcación híbrida, a la vez redondeada y plana, diseñada para enfrentarse al mar con agilidad y finura.
Los recuerdos están anclados en el casco
Patrick Lamon habla de la evolución del yawl como vínculo entre el pasado y el futuro. Recuerda las velas hechas con sacos de harina, los gumboats equipados con dos velas y las primeras regatas improvisadas.
“Había siete yawls con los békés, incluso antes de 1985.
Luego llegaron los materiales compuestos, las velas de carbono y las técnicas de competición. Pero lo que más recuerda es el ingenio de los marineros y su capacidad para convertir esta embarcación tradicional en un emblema de nuestro patrimonio. En 2022,la UNESCO reconoció el yawl de Martinica como parte del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.
Presidir, sí. Pero sobre todo transmitir
Llegar a ser Presidente de Yole Net 2000 nunca fue un objetivo personal. “No es por el título. Es porque nací en él. Tengo los conocimientos”. Lo que le mueve es transmitir su pasión. A los jóvenes, a los curiosos, a los adultos en busca del mar y del sentido. La iniciación comienza a veces a los 6 años en las escuelas, pero la asociación prefiere acoger a los jóvenes a partir de los 15 o 16 años, cuando son más maduros para comprender. Leer el mar, comprender el viento, elegir una vela: todo ello forma parte de una ciencia aplicada.
“Hoy les enseñamos la rosa de los vientos. Antes era diferente.
Un barco como escuela de vida
Para Patrick Lamon, el yawl es mucho más que un deporte. Es una escuela de disciplina, solidaridad y responsabilidad.
“Es como un negocio. Si un solo navegante no juega, estamos fuera del agua y a la deriva.
Aquí, el individuo desaparece en favor del colectivo. Tienes que escuchar al mar, seguir las órdenes del timonel y ser uno con el equipo. El aprendizaje está abierto a todos. El único requisito es no tener miedo.
Una pasión por el voluntariado, un futuro por construir
La vela es una pasión. Todo se basa en el trabajo voluntario. Las recompensas son escasas, a veces simbólicas: un viaje, un homenaje, un reconocimiento discreto.
Pero Patrick Lamon sueña a lo grande. Quiere que el yawling se convierta en una verdadera profesión.
Patrick Lamon imagina un futuro en el que instructores acreditados formen a las nuevas generaciones dentro de un marco estructurado, reconocido y remunerado.
“Me gustaría que algún día se enseñara, se reconociera oficialmente y se pagara por ello.
Piensa en la formación bilingüe, en la acogida de turistas y en la apertura al mercado internacional. También está pensando en los empresarios:
“Mira un esquife. Coordinación, estrategia, reacción rápida: es un modelo.
Un sueño caribeño, más allá de las fronteras
El yate ya ha surcado las aguas de Guadalupe, Trinidad y San Cristóbal.
“En Trinidad, llevamos siete barcos. En Guadalupe, navegamos.
Su sueño: ver a los yawls tejer puentes entre las islas, uniendo a los pueblos del Caribe en torno a este barco que habla un idioma universal. Una forma de unir habilidades y recuerdos, al ritmo de vientos compartidos.
El yawl es todo esto... y más
Un deporte, por supuesto. Pero también una escuela de vida, una herramienta de transmisión, un espejo de la sociedad. Un arte de navegar, literal y figuradamente. Cuando las nubes se acumulan, el viento se levanta y el mar se agita, Patrick Lamon mantiene el rumbo. Elige la vela adecuada, el equipo adecuado. Y se aferra. Igual que tú te aferras a lo que amas.